Mi gran oportunidad
Pues parece que ahora sí se estrena una película muy en la línea aspiracional, que cuenta la historia de Paul Potts, quien se convirtiera en un fenómeno en YouTube a raíz de su triunfo como cantante de ópera en el concurso Britain’s Got Talent. A la fecha el video ...
Pues parece que ahora sí se estrena una película muy en la línea aspiracional, que cuenta la historia de Paul Potts, quien se convirtiera en un fenómeno en YouTube a raíz de su triunfo como cantante de ópera en el concurso Britain’s Got Talent. A la fecha el video de su participación en el evento, cantando Nessun dorma de Puccini, cuenta con 121 millones y medio de visitas.
Mi gran oportunidad (One Chance, Estados Unidos-Reino Unido, 2013), se inicia con la infancia de Potts, interpretado en su edad adulta por James Corden, joven actor británico que le da al personaje esa ingenuidad y timidez del típico “gordito buena onda”, que lo hacen encantador para los espectadores, pero también el objeto de abuso preferido en la escuela.
Desde niño Potts sintió una irresistible inclinación por el canto y admiraba a Luciano Pavarotti, pero se contenía por el constante maltrato y agresiones por parte de sus compañeros, quienes se burlaban de su gordura, torpeza, y de su obsesión por cantar, lo cual parecía ser lo único que le importaba en la vida.
Fue hijo único. De su madre —a la que encarna en la pantalla como siempre muy bien Julie Walters— recibió todo el apoyo para que luchara por sus sueños y no se desanimara. En cambio, del papá —trabajador de una siderúrgica— sólo le llegaban mensajes de descalificación, burla y menosprecio. Esta relación de padre intransigente e hijo con vocación artística, recuerda mucho otra película en ese mismo género, Billy Elliot de Stephen Daldry, que recrea la historia del niño que quiere dedicarse al ballet aunque es definitivamente muy superior a Mi gran oportunidad.
Muy pasado de peso, poco agraciado, con un hueco en la parte frontal de la dentadura, mal vestido, y muy tímido, Potts cumple con todos los requisitos para ser el héroe del público, el favorito sentimental. Es el mejor exponente para demostrar a millones de espectadores que se pueden remontar las circunstancias adversas del nacimiento y el entorno familiar, económico y social, para alcanzar un sueño.
El éxito de Paul Potts —efectivamente homónimo del dictador de Camboya—, permite la identificación por parte del público, de las personas comunes y corrientes.
Sin duda estos certámenes se llenan de historias de superación personal, y de varios de ellos han salido verdaderos talentos. El esquema plantea que es viable ser descubierto y saltar a la fama sin ser una persona bella, de cuerpo escultural, de cabellos de oro, dientes de perla y labios de rubí.
El límite es uno mismo. Y ese es el caso de Paul Potts y también por cierto de Susan Boyle, quien se lanzó a concursar en Britain’s Got Talent a los 47 años y cuyo video de la participación en el evento interpretando I Had a Dream del musical Los miserables, tiene también decenas de millones de visitas. Boyle es como un equivalente femenino de Potts, inicialmente rechazada por su aspecto y tratada con escepticismo. No tardará su película.
Dirigida por David Frankel, que hasta hoy ha tenido su mejor momento con El diablo viste a la moda, Mi gran oportunidad cumple como comedia romántica para salir del cine de buenas. Se toma sus licencias, como lo hacen la mayoría de las historias que toman hechos reales, para tener mejores resultados en lo que hace al planteamiento de conflictos y drama. Un gran acierto en el guión es el realce que se da a la historia de amor de Potts y su esposa, interpretada por la talentosa actriz Alexandra Roach, que se gana al espectador desde los primeros minutos en que aparece en la pantalla.
La voz que se escucha es la de Potts, y James Corden es convincente en el lip synching, que es la sincronía del movimiento de los labios con la voz de los cantantes.
Mi gran oportunidad es una película de fórmula, de las que nuestros vecinos llaman feel-good movie, está construida para emocionar al espectador, y lo logra.
