Ninfomanía Vol. 2

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Lucero Solórzano 09/07/2014 00:00
Ninfomanía Vol. 2

La semana pasada comentamos en este espacio la primera parte de la más reciente película del realizador danés Lars von Trier, Ninfomanía Vol. 1. La que es la segunda mitad se estrenó el jueves, y podemos afirmar que ya como un todo ésta es una de las películas más logradas del director.

Retomando en torno a lo expuesto en este espacio sobre Ninfomanía Vol. 1, la historia cierra la Trilogía de la Depresión llamada así por el propio Von Trier junto con Melancolía y Anticristo. El guión de él mismo gira en torno a Joe, una mujer en sus 50 que es encontrada una noche en un callejón golpeada, ensangrentada e inconsciente por Seligman, quien la lleva a su modesto departamento en donde se inicia una conversación que dura toda la noche.

Joe está interpretada por Charlotte Gainsbourg que ya trabajó con Von Trier en Melancolía y Anticristo. El personaje le queda justo a la medida en su extrema delgadez, su impresionante entrega en la recreación demandante de un rol muy difícil, y la expresión de tristeza permanente en su rostro. El bondadoso Seligman es el actor sueco Stellan Skarsgård en uno de sus mejores trabajos, contenido, oscuro, enigmático.

En esa larga noche Joe inicia un relato que comprende su propia biografía, ante la incredulidad de Seligman. Ella se autodiagnostica como una ninfómana, víctima de una adicción al sexo incontrolable y nunca atendida desde su más tierna infancia. Los oídos y la lánguida mirada de un perfecto extraño, le brindan una puerta abierta para ir construyendo en capítulos el recuerdo de un padre amoroso y empático (Christian Slater); una madre distante y fría (Connie Nielsen); una infancia de apetitos instintivos en la búsqueda de sensaciones; su primera experiencia sexual en la adolescencia, periodo en el que está interpretada por Stacy Martin en su debut cinematográfico, quien se avienta sin red para ponerse en la piel  de una mujer sin ningún tipo de frenos. La sexualidad de Joe es desesperada, mecánica, vacía, hasta violenta, profundamente autodestructiva. En múltiples viajes entre el pasado y el presente va soltando ante Seligman su pesada carga de dolor, soledad y culpa.

Ninfomanía vol. 2 continúa el relato con nuevos personajes en los que se luce el amplio reparto de Von Trier que termina de integrarse con Shia Labeouf, Willem Dafoe, Jamie Bell, Udo Kier. El guión de Von Trier explora con detalle, sensibilidad y sobre todo profundidad, a una mujer que —como lo dice en un momento Seligman­— ejerció su derecho a practicar su sexualidad, a gozar de ella, a no ceñirse a la represión religiosa, familiar y social, pero el sufrimiento a Joe la aqueja porque su patología no le permite ser feliz, amar, crecer, construir una familia. Ha lastimado a muchas personas, pero sobre todo se ha dañado a sí misma, llegando a las profundidades de un infierno de degeneración y destrucción.

Ninfomanía Vol. 1 tiene un alto contenido erótico con material y escenas sexuales completamente explícitas. Órganos genitales masculinos y femeninos se presentan sin reparo lo que ha llevado a definirla como la primera incursión en la pornografía de Von Trier. Eso es cuestión de puntos de vista, no lo comparto.

Ninfomanía Vol. 2 es más gráfica aún pues ya explora la etapa de Joe como mujer adulta que, aunque casada y con un niño pequeño, nunca puede saciarse y se introduce en un submundo peligroso que la lleva al sadomasoquismo y hasta actividades criminales.

Lars von Trier no pierde la elegancia y el personaje de Seligman es un poco su propia voz, cuando a cada pausa de Joe hace una acotación que casi parece una “cápsula cultural”, en la que puede dar cátedra sobre temas como Edgar Alan Poe, Bach, Pitágoras, el arte bizantino, la pesca, las religiones occidentales y orientales. Con los entrecruzamientos de estas secuencias y la brutalidad de varias escenas sexuales, Von Trier va construyendo un todo que puede interpretarse como la naturaleza humana con la gran potencia de la sexualidad y la riqueza del intelecto. Hay frases que se quedan en la memoria e invitan a ver de nuevo la película, sólo para rescatarlas.

La música es un detalle muy cuidado en esta cinta que, a pesar de su crudeza conserva una belleza verdaderamente hipnótica.

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