El cielo sí existe

COMPARTIR 
Lucero Solórzano 30/06/2014 00:02
El cielo sí existe

Dentro de las películas de temática religiosa y entre las que particularmente llevan una evidente carga de propaganda, es como podríamos clasificar la cinta estadunidense El cielo sí existe (Heaven is for real, 2014). Está basada en el libro homónimo de Todd Burpo y Vincent Lyn. En 2010 fue un best seller del New York Times, y el hecho que recrea es de esos fenómenos que suelen captar la atención de los medios y el público estadunidense, especialmente en épocas en que no hay noticias.

Todd Burpo es un pastor cristiano de Nebraska que se hizo popular cuando su hijo Colton fue operado de apendicitis a los 3 años y estuvo a punto de morir. A las pocas semanas y ya completamente recuperado, empezó a hablar de que se había despegado de su cuerpo durante la cirugía, de que había visto a los doctores operándolo, a su mamá llorando, a su papá reclamándole a Dios que quisiera llevarse a su pequeño y que, además, Jesús y los ángeles, lo habían llevado de la mano a un bello lugar donde pudo ver a familiares que habían muerto cuando el ni siquiera había nacido.

No pongo en duda las experiencias cercanas a la muerte de apariencia sobrenatural. Considero que la mente sigue siendo uno de los grandes misterios a los que la ciencia no alcanza a interpretar. No tengo ninguna autoridad para decir que son o no posibles, y respeto las creencias de los demás.

Pero abundando en la propuesta de esta película hay varios aspectos que la hacen hasta chocante. Está dirigida por Randall Wallace, el guionista detrás de Corazón valiente de Mel Gibson, y además director de El hombre de la máscara de hierro, Fuimos soldados y Secretariat. Es un cineasta conservador y su adaptación de El cielo sí existe o El cielo es real resulta bastante plana, y pasa a convertirse en una película para ver una tarde por televisión o en un ciclo de cintas escolares para Semana Santa.

Una de las pocas virtudes de la cinta es el trabajo de Greg Kinnear que es un actor sólido aunque con una filmografía muy dispareja entre las que destacan Little Miss Sunshine, Mejor imposible, Autofocus, etc. Probablemente el gran problema de Kinnear es no saber elegir sus proyectos como es el caso en El cielo sí existe, que sobrevive por él pero no representa ningún mérito en su carrera.

La historia se inicia con la larga introducción de esta familia perfecta. El papá, Todd Burpo, es bombero y pastor en una pequeña comunidad cristiana. La esposa es dulce y entregada a su familia, y se dedica a dirigir los coros de los feligreses. Tienen dos hijos: Cassie y Colton. A éste último lo interpreta un actor infantil que con una cara bonita y cierto talento sale bien del reto.

Lo único que de alguna manera empaña su felicidad es que están ahogados en deudas y Todd no parece tener otra fuente de ingresos, y además su sueldo en la Iglesia es muy bajo. De todas formas lo viven con resignación y no pelean ni discuten ni se enojan. Como puedo ser mal pensada, esto me lleva a imaginar qué bien le vino a la familia Burpo el que el pequeño Colton “viera a Jesús, los ángeles y el cielo mismo” para hábilmente contárselo al mundo y, entonces sí, hacer una pequeña fortuna con el negocio.

Randall Wallace opta por contar la historia de una manera casi pueril y se da el lujo de representar a los ángeles, batiendo sus alas entre nubes y una intensa luz. Pero no sólo eso, Jesús también tiene una participación especial y lleva al niño, “despegado de su cuerpo” a conocer el cielo, representado como ese clásico Jardín del Edén de la Historia Sagrada de nuestra infancia.

El cielo sí existe es una raquítica muestra de que la cartelera cinematográfica seguirá languideciendo mientras la atención se centra en el Mundial de Futbol.

Comparte esta entrada

Comentarios