De la costumbre al olvido

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Lucero Solórzano 24/03/2014 00:00
De la costumbre al olvido

Desde la edición 29 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara les saludo en este caluroso inicio de semana. En la antesala de las tres décadas este es ya un evento consolidado, con altibajos a lo largo de su historia, pero que hoy por hoy se consolida como una cita obligada y un importante punto de encuentro para todas las áreas de la industria cinematográfica iberoamericana y del resto del mundo.

Dos películas que vi ayer me mueven a establecer una relación en torno a la percepción de los cineastas en cuanto a la deteriorada situación de nuestro país. La primera es el documental Antes de que nos olviden de Matías Gueilburt, producido por HBO Latinoamérica. Se trata de una revisión frontal, honesta y, por momentos, profundamente conmovedora, del avance de la violencia en nuestro país, registrada en un mapa de la República Mexicana, en el que los polos en rojo van en aumento alarmante, pocas regiones se salvan. Apartándose de la clásica narración en off, el hilo conductor lo llevan los relatos de familiares de víctimas y desaparecidos a causa de la guerra contra el narcotráfico emprendida por el gobierno del presidente Felipe Calderón, y los testimonios de Paco Ignacio Taibo II, Jacobo Zabludovsky, Vicente Fox, Marcelo Ebrard, Demián Bichir y otros colaboradores.

Aunque la veamos a la luz de la detención de El Chapo  Guzmán, esta guerra se describe coloquialmente en el documental como “haberle dado un palo a un avispero”. Las miles de vidas que ha costado, en una buena mayoría población civil inocente atrapada en conflictos internos de los diversos cárteles y las fuerzas armadas,  tienen voz en Antes de que nos olviden, y vemos así a padres, esposas, hermanas, hijos. Desolados, frustrados, impotentes y con historias que tristemente van en camino del olvido.

Se destaca cómo nos hemos ido acostumbrando o resignando, a que cada día las malas noticias vayan en aumento, con alarmantes señales de salvajismo. La creciente violencia se define también como la propagación de una enfermedad, una epidemia, casi con el mismo comportamiento de un terrible mal que se contagia. La escalada del “ojo por ojo, diente por diente”, hace que se vayan desbordando niveles de una crueldad y perversión primitivos. En una sociedad moderna, presuntamente civilizada como la nuestra, se ha instalado la muerte violenta; estamos en una dolorosa orfandad pues las autoridades, lejos de protegernos, actúan en contubernio con los criminales.

Producido por HBO Latinoamérica, el destino de Antes de que nos olviden es pasar por televisión, penosamente para la imagen de México. La verdad no peca, pero incomoda.

Por otro lado el actor Kuno Becker debuta como director con un guión de su autoría en Pánico 5 Bravo (Panic 5 Brave, México, 2104). La propuesta es muy atractiva dentro del género del terror sicológico: hablada mayoritariamente en inglés se inicia con cuatro paramédicos estadunidenses y mexicanos que hacen guardia una noche en la línea fronteriza de Arizona. Conversan dentro la ambulancia cuando ven que en el puente, del lado mexicano, hay un joven herido de bala (de ahí el título, el código en el medio para ese hecho es “5 Bravo). Sin estar muy convencidos  deciden cruzar rápidamente y asistirlo, pero todo es observado por otro vehículo. Ahí empieza la pesadilla, contada en tiempo real y ubicada íntegramente dentro de la ambulancia. 

Becker “se echa un trompo a la uña”  y nos instala en una pesadilla de sangre, terror y mucha violencia. El ritmo es bueno, sostenido sin decaer, atrapa, pero desliza algunos clichés que restan naturalidad al texto, comentarios racistas forzados, y un discurso, fuera de lugar, por parte de uno de los personajes en torno a Estados Unidos y su relación con México, que busca nivelar la balanza, demasiado cargada con sarcasmos y menosprecio hacia nuestro país. Cae en obviedades, como el final después del final, pero no se le puede negar que tiene éxito para sostener el suspenso.

Siendo una película con una gran carga de violencia, deja claro con algunas frases, que pretende ser un alegato en contra de ésta, además de entretener, por supuesto.

Viene al caso la frase que sube a Twitter la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas: Un país que no se ve reflejado en su cine está destinado al fracaso.

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