12 años de esclavitud

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Lucero Solórzano 17/02/2014 00:00
12 años de esclavitud

Entre las nueve cintas nominadas al Oscar a Mejor Película seis o son biográficas o están basadas y se inspiran en hechos reales: Capitán Phillips de Paul Greengrass, Philomena de Stephen Frears, Escándalo americano de David O. Russell, El lobo de Wall Street de Martin Scorsese, Dallas buyers club: El club de los desahuciados de Jean-Marc Vallée y 12 años de esclavitud de Steve McQueen, que se estrena en México este viernes.

Es el tercer largometraje de este cineasta de origen británico. Las dos anteriores lo confirmaban ya como un realizador de estilo contundente, que no hace concesiones y aborda sus historias y los personajes que las protagonizan de manera frontal y profunda.

En 2008 dirigió y coescribió Hunger que recrea las condiciones carcelarias contra las que se enfrentaba el activista Bobby Sands y un grupo de sus compañeros en el Ejército Republicano Irlandés. La histórica de la huelga de hambre que emprendió como protesta da el título a la película, que en gran medida descansa en el espléndido trabajo del protagonista Michael Fassbender.

En 2011 McQueen coescribe y dirige Shame, en la que de nuevo dirige a Fassbender.
El guión gira en torno al sufrimiento que vive un joven neoyorquino, exitoso, apuesto, de buena posición, que padece una incontrolable adicción al sexo. La crudeza de las imágenes y lo explícito de los encuentros sexuales del protagonista, generaron gran polémica y pudieron ser la causa de que la Academia de Hollywood no premiara la gran actuación de Michael Fassbender con un Oscar.

Con nueve nominaciones que incluyen director, película, actor, actor y actriz de reparto, vestuario, edición, diseño de la producción y guión adaptado, 12 años de esclavitud es ya una de las mejores películas de 2013 y de los últimos años. En esta ocasión McQueen no interviene en el guión de John Ridley, que se basa en las memorias de Solomon Northup, un afroamericano nacido en libertad en Nueva York, que en 1841 fue secuestrado con engaños en la ciudad de Washington para ser vendido como esclavo en Louisiana, donde pasó 12 años de su vida en condiciones infrahumanas.

En el reparto participa de nuevo su actor “fetiche” Michael Fassbender, pero esta vez cede el protagónico a Chiwetel Ejiofor, actor británico de padres nigerianos que se entrega a la interpretación de Solomon de manera conmovedora.

Northup, que es un hombre sensible, educado, refinado, con esposa y dos hijos pequeños, que está acostumbrado a su vida en libertad y el respeto de quienes le rodean —sin importar la raza—, pierde absolutamente todo, hasta el nombre, cuando es secuestrado y llevado con violencia a las plantaciones de Louisiana.

Su preparación y el hecho de saber tocar el violín, juegan en su favor y también en contra. La verdad de su origen tiene sin cuidado a los captores y luego a los propietarios. Acaba por aceptar que es mejor no decir quién es ni que sabe leer o escribir. Tiene que negarse a sí mismo para seguir viviendo. Lo único que lo mantiene firme es el sueño de volver a ver a su familia.

McQueen construye la película de manera conservadora. Salvo por dos o tres saltos en el tiempo, el relato es lineal y casi parece contada en capítulos muy bien definidos. Desde la descripción de la vida de Solomon en familia en Nueva York, el viaje a Washington, el engaño y secuestro y su despertar en la oscuridad de una celda, drogado, golpeado, y encadenado.

La violencia es un elemento muy presente como es lógico en una película que trata sobre la esclavitud. McQueen recrea con realismo y hasta con crueldad las prácticas de los dueños de las plantaciones que sometían a castigos sanguinarios a sus esclavos. Michael Fassbender es uno de ellos, pero el personaje está bien descrito, si no justificado, si ampliamente explicado, en su patología y el sufrimiento personal causado por sus propios demonios.

12 años de esclavitud es una experiencia cinematográfica intensa, gráfica, conmovedora. Invita a reflexionar sobre nuestra condición humana y aquellos que nos hace capaces de actos sublimes, y también de convertirnos en animales salvajes, crueles e irracionales.

Muy recomendable.

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