Los niños, las eternas víctimas

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Lucero Solórzano 20/01/2014 00:00
Los niños, las eternas víctimas

Coinciden en la cartelera dos películas de gran belleza, emotivas y que guardan muy particulares paralelismos en sus temáticas: Bekas, coproducción Suecia-Finlandia-Irak, del año 2012, y ubicada en el Kurdistán iraquí de los noventa, y Lore, coproducción Alemania-Australia-Reino Unido, de 2012 también, y cuya acción sucede en Alemania al término de la Segunda Guerra Mundial.

Bekas es la historia de Zana y Dana, dos hermanos huérfanos de seis y nueve años que sobreviven boleando zapatos por unas cuantas monedas. La región de Kurdistán, donde viven, estaba en los noventa bajo el régimen represivo y de terror de Saddam Hussein, al que los niños odian, pues lo consideran responsable de las muertes de sus padres. Zana y Dana viven con optimismo, se divierten, juegan, y se las ingenian para juntar algunas monedas o algo de comer. Son un par de sobrevivientes encantadores que, como se acostumbra en esos lugares, hablan a gritos y reciben “zapes” de cuanto adulto se acerca a ellos, cosa que parece que también es una costumbre.

Contada con un espléndido sentido del humor, está fotografiada en tonos ocres que enfatizan la aridez del paisaje, permanentemente polvoso y soleado. Dirigida y escrita por Karzan Kader, la historia de Zana y Dana se inicia cuando, a escondidas, ven una película de Superman, al que idealizan junto con la idea de que la solución a todos sus problemas está en el personaje y en América; están convencidos de que devolverá la vida a sus padres. A pesar de su corta edad son dos chicos decididos a alcanzar su sueño. Se dan cuenta de que ni pasando sus vidas enteras boleando zapatos podrán juntar el dinero suficiente, y deciden tomar un burro al que llaman Michael Jackson, emprendiendo un viaje que, lleno de  ingenuidad infantil, pero también de determinación y esperanza, convierte la película en una road movie.

Parecería que nada va a detener a estos dos guerreros.

Lo mismo pasa con los personajes de Lore, dirigida y coescrita por la australiana Cate Shortland, basada en la novela de Rachel Seiffert, The Dark Room.

La acción se inicia el día que Alemania se rinde en la Segunda Guerra Mundial. El pueblo alemán está destrozado y el país ha quedado en manos de fuerzas británicas, soviéticas, estadunidenses. Desmoralizados por la muerte de su Führer, en las aldeas y poblaciones pequeñas se inician las huidas en masa para no caer en manos de los ejércitos victoriosos. Lore es una adolescente de poco más de 13 años, quien vive con sus padres y sus cuatro hermanos menores, incluido un bebé. El papá es un oficial de alto rango del ejército alemán y huye para ser más tarde alcanzado por su trastornada esposa. La evacuación del resto de la familia queda a cargo de Lore, que difícilmente puede con ella misma mientras se debate entre los sentimientos y la inquietante sensualidad que se arremolinan en su mente y cuerpo en plena transición.

El tono de esta historia es mucho más oscuro, de hecho hay secuencias de gran crudeza que son un verdadero golpe al estómago. En el papel de Lore debuta la actriz Saskia Rosendahl, que conmueve profundamente en este retrato de la pérdida de la inocencia, del miedo, el abandono, el dolor, la desesperanza, la muerte.

Con sus cuatro hermanos, Lore emprende el camino a una población cercana a Hamburgo, donde vive su abuela, pero tendrán que vencer muchos obstáculos mientras se esconden de soviéticos y norteamericanos, a los que ven como el mismísimo demonio, al contrario de los pequeños de Bekas.

Lore no es otra de tantas historias sobre judíos perseguidos, es un retrato de lo que los mismos alemanes sufrieron durante la guerra y, sobre todo, al contemplarse como país derrotado y humillado, sin casas, con hambre y enfermos.

En ambas películas son los niños los que tiene que salir adelante, sin adultos ni padres que los guíen ni protejan. Son las víctimas eternas e inocentes que tienen que sobrevivir ante los absurdos del mundo que les heredan los mayores.

Muy recomendables las dos.

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