Sólo Dios perdona

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Lucero Solórzano 13/12/2013 00:00
Sólo Dios perdona

Junto con En la casa, del francés François Ozon, la película Sólo Dios perdona (Only God Forgives, Reino Unido-EU-Tailandia, 2013) es otro estreno atractivo en este fin de semana, acaparado por El Hobbit, la desolación de Smaug. El “otro cine” está muy bien representado por estas dos cintas.

Dirigida y escrita por Nicolas Winding Refn, Sólo Dios perdona es una muestra de su muy personal sentido de la “estética de la violencia”, puede gustarle a determinadas audiencias mientras que otros se saldrán del cine antes de que acabe.

Winding Refn nació en Dinamarca y, de alguna manera, ha tratado de mantenerse alineado con el movimiento Dogma 95, aunque no es particularmente ortodoxo en la aplicación de sus famosas reglas. Su estilo da un gran peso al diseño de arte, la fotografía, la iluminación, las locaciones, las bandas sonoras, buenas dosis de violencia y sangre, todos aspectos que se contraponen con el cabal cumplimiento del decálogo de Dogma 95.

Sólo Dios perdona, que el realizador dedica a Alejandro Jodorowsky, estuvo en la Selección Oficial del pasado Festival de Cannes, donde, por cierto, fue muy maltratada por el público, prensa y crítica. Nicolas Winding Refn vuelve a dirigir en el protagónico a Ryan Gosling con quien filmó la muy convincente Drive (Estados Unidos, 2011) y por la que las expectativas en torno a su siguiente trabajo eran muy altas, pues de hecho le valió el premio al Mejor Director en Cannes. En esta cinta se cuenta la historia de un stunt que conduce autos en escenas peligrosas y que por las noches trabaja como chofer de delincuentes en sus fugas tras algún golpe.

Es un hombre atormentado y solitario, que son el tipo de personajes que a Ryan Gosling se le dan tan bien aunque con riesgo de verse estereotipado. Como sucede con su personaje en Sólo Dios perdona, en la que interpreta a Julian, otra vez solitario meditabundo y de pocas palabras, que vive en Bangkok, donde dirige un club de boxeo Thai. Es totalmente inexpresivo.

Julian cometió un delito en Estados Unidos por lo que no puede volver a ese país. Pero sus actividades criminales continúan pues su club de boxeo es en realidad la fachada de operaciones de tráfico de drogas. Los problemas vienen cuando su hermano, que ha violado y golpeado hasta la muerte a una menor de edad, aparece brutalmente asesinado.

Entra así el personaje más interesante del relato, Jenna, la madre de Julian, interpretada por una irreconocible Kirstin Scott Thomas en un papel muy diferente a lo que nos tiene acostumbrados y en el que de nuevo demuestra su gran talento. Jenna es la despiadada líder de una organización criminal que adoraba a su hijo mayor. Viaja desde Estados Unidos para obligar a Julian a vengar la muerte de su hermano. La edípica relación entre los dos hijos y la madre tiene acusados rasgos de patología y perversión. Jenna subestima, humilla y menosprecia a Julian, pero él todo lo tolera porque “es mi madre”. A través de ella podemos conocer el por qué de la enigmática personalidad de Julian.

A diferencia de su madre y hermano, que han perdido todo límite y escrúpulo para convertirse en vengadores encarnizados, Julian todavía parece albergar dentro de él una pequeña luz; aunque es capaz de actos de gran violencia, por momentos algo, cada vez más débil, aflora y lo lleva a contenerse. Con eso a cuestas inicia la cacería del asesino, pero en su camino se cruza un misterioso homicida (Vithaya Pansringarm), preciso, implacable, sanguinario, pero con sus “refinamientos”; que igual canta dulcemente canciones de amor, que tortura, mutila y mata con frialdad.

Aunque da un giro radical en relación a su anterior película, las obsesiones de Nicolas Winding Refn están muy presentes en Sólo Dios perdona, al igual que en Drive o, en Valhalla Rising o Bronson. Entre sueños, fantasías, metáforas, densos silencios y largas y lentas tomas, Sólo Dios perdona parece una larga noche que se mueve entre el rojo intenso, la cuidadísima iluminación, el brillo de sables, puñales y espadas, los ríos de oscura sangre, la recurrente banda sonora, la violencia, la venganza. No es una película fácil, pero tiene un innegable atractivo que la hace vanguardista e hipnótica, digna de verse.

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