Quebranto

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Lucero Solórzano 06/12/2013 00:00
Quebranto

En alguna secuencia de Quebranto, el documental de Roberto Fiesco, que se estrena hoy, el cineasta Jorge Fons comenta que le gustan las personas que dan saltos triples mortales para cambiar sus vidas. Añade que los grandes cambios pueden venir para un hombre o una sociedad; cambios radicales, fundamentales, verdaderos.

Es precisamente “el cambio” y sobre todo “la toma de decisiones”, el eje del relato en el más reciente documental del cineasta mexicano Roberto Fiesco que, con un guión escrito por él mismo y Julián Hernández, cuenta la historia de dos personajes: el actor Fernando García Ortega Pinolito y su madre doña Lilia Ortega, quien también es actriz. Yo añadiría un tercer personaje de enorme atractivo, Coral Bonelli, que es la identidad que Fernando tomara cuando decidió someterse a una cirugía y los tratamientos para cambiar de sexo.

Fernando trabajó como actor desde muy pequeño, pues gustaba de cantar y bailar, y hacía una imitación de Raphael con la que deleitaba al público de la humilde carpa en que se inició. Se acercó al cine y fue dirigido por Jorge Fons en el episodio Caridad de su película Fe, Esperanza y Caridad de 1972.

Su madre es Lilia Ortega, una mujer de edad avanzada que es todo un pilar en su vida, de gran personalidad, temperamental, lúcida, y sin ningún empacho en hablar de la que hoy es su hija; ha sufrido a raíz de ese momento crucial en que se decidió a cambiar contra todo y a pesar de todos, a ser lo que realmente era: una mujer.

Quebranto se estructura con viajes al pasado y al presente. Las experiencias de la madre y la hija están contadas por ellas mismas, y develan poco a poco el desarrollo de la carrera artística de Pinolito, su frustración en las relaciones sexuales con mujeres, su imposibilidad para desarrollar de lleno una carrera en el cine como actor, cantante y bailarín, debido en gran parte al declive de la industria en los años setenta y ochenta.

Coral Bonelli hoy es una persona transgénero, vive con su madre en un edificio viejo de Garibaldi, trabaja en su propio espectáculo travesti en el que hay música, baile e imitaciones. Por un tiempo se prostituyó, tenían hambre. Hoy ambas son unas luchadoras valientes y congruentes, que hablan de su pasado con enorme nostalgia y que todos los días pelean con la vida, con una sociedad discriminatoria e injusta ante la “condición sexual” de Coral, con un rechazo sistemático por parte de muchos grupos, pero que no se dan por vencidas.

Quebranto recibió el Premio Mayahuel especial del jurado en la categoría de Mejor documental iberoamericano, el Premio Maguey a la Mejor Película y el Premio Guerrero de la Prensa. Además ha participado con éxito en más de 25 festivales alrededor del mundo.

Es un documental frontal y honesto que, sin duda, hay que ver.

Quebranto me lleva a recordar otro estreno reciente en esta misma línea y también multipremiado. Morir de pie, que marcó el debut en el largometraje documental de la periodista Jacaranda Correa. Al igual que Fiesco, en él se acerca a una historia de vida, de esas personas que no aceptan que otros vivan su vida por ellos, que no quieren ver todo desde la superficie y para ello están dispuestas a romper esquemas, tomar decisiones, someterse a cambios a veces muy dolorosos y desafiar prejuicios, tradiciones y costumbres.

Morir de pie cuenta la historia de un ser excepcional, un personaje casi vanguardista: Irina, que en la proyección en el festival de Guadalajara donde recibió el máximo galardón, se presentó en una silla de ruedas, arreglada y maquillada, proyectando una gran dignidad. Irina es otra persona transexual que en su etapa como hombre se transformó en un rebelde luchador social, muy en la imagen del Ché Guevara, incluso guardando cierto parecido con el líder guerrillero. Tras una enfermedad inició un complejo proceso de introspección y tomó la decisión más importante de su vida.

La vida real siempre supera a la ficción, como lo muestran Quebranto y Morir de pie.

Muy recomendables.

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