Un festival de a pie
Un factor muy importante en los festivales de cine es que se puedan cubrir caminando. Las sedes de los eventos deben estar relativamente cercanas entre sí. Es el caso del Festival Internacional de Cine de Morelia, que en esta bella ciudad tiene su eje de rotación en el ...
Un factor muy importante en los festivales de cine es que se puedan cubrir caminando. Las sedes de los eventos deben estar relativamente cercanas entre sí. Es el caso del Festival Internacional de Cine de Morelia, que en esta bella ciudad tiene su eje de rotación en el Centro Histórico, en un radio aproximado de diez cuadras, que se recorren y disfrutan a pie.
Hay que insistir en que a pesar de las noticias que han surgido de Michoacán desde hace años, y que recientemente hablan de una agudización en los conflictos en ciertas regiones del estado, Morelia es de alguna manera un oasis. He caminado de noche por sus calles, sola y acompañada, sin sentir desconfianza o inseguridad.
Los organizadores además han tratado de potenciar esta virtud y las salas de prensa, la mayoría de los hoteles, restaurantes, aulas y parques del centro de Morelia, se han convertido del 18 al 26 de octubre, en territorio “festivalero”.
Sigue dando buenas muestras la Sección Oficial de largometrajes mexicanos. Los cortometrajes se presentan con una calidad más bien dispareja, al igual que los documentales a concurso.
La vida después. Marca el debut de David Pablos en una historia que gira en torno a una familia disfuncional cuyos miembros guardan secretos y remordimientos.
María Renée Prudencio aparece en dos películas de la sección en concurso. Ésta de La vida después y Club Sandwich, de Fernando Eimbcke. Coincidentemente en ambas interpreta a mamás conflictivas de jóvenes en plena transición.
La película de Pablos recrea con sensibilidad casi poética el deterioro en las relaciones entre una mamá y sus dos hijos. Arranca con una muy buena secuencia en la que los vemos felices, integrados, cómplices; los hijos son pequeños, libres. Aun con ausencia de una figura paterna parecen una familia feliz.
Con lentas y largas secuencias se da paso al proceso de deterioro al que parece detonar la muerte del padre de ella, que cambia drásticamente, sumiéndose en la depresión y el abandono. Algo hay atrás que todavía no adivinamos pero que podría tener que ver con algún factor hereditario.
Tras una muy lograda secuencia que lleva a los niños a convertirse en adolescentes, el argumento se queda con ellos y su profunda confusión.
La jaula de oro. Dirigida y escrita por Diego Quemada-Díez, es una historia contundente sobre la tragedia de los migrantes centroamericanos que se internan en nuestro país para cruzar y llegar a la frontera con los Estados Unidos.
Fue la ganadora del premio al mejor ensamble (o reparto) dentro de la sección Una Cierta Mirada del pasado Festival de Cannes. Muy merecido reconocimiento, particularmente para los tres actores que dan vida a una niña y un niño guatemaltecos y el indígena tzotzil que se les une en el recorrido.
Quemada-Díez muestra habilidad para dirigir a sus intérpretes y logra que la conexión emocional con el público sea inmediata. Nos convierte en los compañeros de tres víctimas del fracaso de las políticas educativas, económicas y laborales de gobiernos como el nuestro y de muchos otros países que son responsables de que las personas no encuentren condiciones aceptables para desarrollarse y lograr un buen nivel de vida y tengan que salir de sus lugares de origen internándose en verdaderos infiernos como es el caso de los que cruzan nuestro país.
Si sobrevivieron a la corrupción de las autoridades migratorias, a los narcotraficantes y a la violencia sanguinaria de los Zetas, los guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y habitantes del sur de México, que coinciden en los techos de un emblemático y tristemente célebre tren, La Bestia, llegan a la frontera con Estados Unidos en busca del tan sobrevalorado e idealizado “sueño americano”.
Pocas, muy pocas veces he presenciado una ovación de pie al finalizar una película en el marco del Festival de Cine de Morelia. Fue el caso de la proyección de La jaula de oro tras la que varios acabaron con lágrimas, mientras en los créditos de salida se leían los nombres de los 600 migrantes que participaron en la filmación.
Esta película fue seleccionada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas para representar a México en la próxima entrega del Goya en España, y los productores planean su estreno para el próximo mes de febrero.
