Steve Jobs merece algo mejor

Jobs, una cinta sin personalidad. El acercamiento al personaje es superficial.

Sin duda una de las figuras emblemáticas de la modernidad y el poder del capitalismo estadunidense es Steve Jobs. Su vida ha sido llevada ya a la pantalla chica en una película muy recomendable que se titula Los piratas de Silicon Valley de 1999. En ella se registran sus inicios juveniles en el mundo de la computación y las dificultades en sus relaciones personales y laborales.

Hace meses se anunció la filmación de jOBS (Estados Unidos 2013) que se estrena en México este viernes, tras su paso sin pena ni gloria por salas cinematográficas de la Unión Americana y algunos países. Un proyecto que pudo haber resultado muy interesante, jOBS se quedó a la mitad del camino en todo: en la recreación de un personaje de enorme riqueza biográfica; en el guión que no profundiza; en el ritmo que cae en lagunas que llevan a perder el interés ocasionalmente; y sobre todo, en el propio actor al que se le asignó la tarea de recrear a un personaje que murió recientemente y con una fuerte presencia mediática en la memoria de los espectadores. Éste es uno de los principales retos a la hora de producir una película biográfica o biopic como le dicen los vecinos: si el personaje en cuestión es contemporáneo, vive aún o falleció recientemente, el público tiene una imagen muy clara y es mucho más difícil convencerlo.

La película se inicia con Jobs en sus cuarenta, presentando un invento que revolucionó la industria de la música: el iPod. De ahí viaja al pasado y nos presenta a un joven universitario, rebelde, que no se baña y anda descalzo por el campus. Totalmente desorientado sabe que está llamado a algo grande, pero no tiene idea de qué es ni de cómo hacerlo.

Ashton Kutcher, un actor sobrevalorado que la hace por el físico y punto, trata de dar vida al creador de Apple, pero se pierde en la rebuscada imitación de su lenguaje corporal. Los ademanes característicos de Jobs parecen muy ensayados en el actor sobre todo en la primera secuencia de la película; la forma en que imita el caminar de Steve Jobs mueve a la risa y estamos hablando de los primeros tres minutos.  Nunca nos identificamos con el personaje además de que el guión carece de sustancia en la construcción de los diferentes protagonistas.

Parecería que estamos ante una película producida para la televisión; de ésas que HBO o Movie City pasan en un sábado o domingo por la tarde. Con más de dos horas de duración el relato se hace tedioso. El perfil de los otros actores del reparto es totalmente televisivo lo cual no es malo, pero habla de una factura inapropiada para salas de cine.

Tanto el director Joshua Michael Stern como el guionista Matt Whiteley son totalmente inexpertos y es más que evidente en el resultado final, pues la película no tiene personalidad. Aunque hay saltos en el tiempo optaron por una puesta escena conservadora, plana. Desperdiciaron la oportunidad de ser creativos para hablar de uno de los más grandes creativos de los últimos tiempos. El acercamiento al personaje es superficial, se queda en una primera capa de la compleja sique y la emotividad de un hombre fascinante. Un poco antisocial,  inadaptado, intolerante, arrogante, pero un genio.

Se omitieron pasajes interesantes de la vida de Jobs como su etapa en Pixar o lo que representó la aparición de la enfermedad. Esas presentaciones de cada novedad de Apple nunca volvieron a ser lo mismo sin él ¡cuántas ideas se deben haber quedado silenciadas en su cerebro! En cambio se abunda en explicaciones técnicas que para los que somos neófitos en los laberintos de la computación resultan sumamente aburridas.

Alguien me dijo una vez: Steve Jobs inventó algo que nadie necesitaba y sin lo que hoy no podemos vivir. Finalmente el error de jOBS es el guión en el que, insisto, no supieron explotar los claroscuros de uno de los más grandes genios del siglo pasado y seguramente de este también. Lástima.

5/10.

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