La complejidad de lo sencillo

Me pasa con frecuencia que, cuando una película empieza con la frase: “basada en hechos reales”, puedo interpretarlo como una amenaza, una advertencia o simplemente como un aviso. Lo primero me ocurre con mayor frecuencia. Pude constatarlo aquí en el Festival de Cine ...

Me pasa con frecuencia que, cuando una película empieza con la frase: “basada en hechos reales”, puedo interpretarlo como una amenaza, una advertencia o simplemente como un aviso. Lo primero me ocurre con mayor frecuencia. Pude constatarlo aquí en el Festival de Cine de San Sebastián con la proyección de dos películas en un mismo día —y por cierto ambas protagonizadas por el actor británico Colin Firth—, que se iniciaban precisamente con esa leyenda: basada en hechos reales.

El cine es una ficción, un buen conjunto de mentiras que bien encadenadas por un hábil escritor pueden hacernos creer en lo que pasa en la pantalla, pero si la historia está tomada de eventos que sucedieron realmente, hay un efecto particular en el público que en un alto porcentaje se toma muy en serio lo que le cuenta la pantalla, sin considerar que suelen usarse licencias y ciertos apoyos dramáticos para que el argumento funcione y sea atractivo para el público. De ahí que las llamadas películas históricas no deben se tomadas como lecciones de historia.

Coincidieron ayer en este festival dos películas basadas en situaciones reales: The railway man de Australia y dirigida por Jonathan Teplitzky. En España se ha titulado Un largo viaje y seguramente llegará muy pronto a México. El argumento surge del libro del mismo título escrito por el veterano de guerra británico Eric Lomax, que cuenta su experiencia desgarradora cuando durante la invasión japonesa a Singapur fue torturado repetidamente. Las consecuencias sicológicas y emocionales no lo abandonaron nunca, pero la vida le permitió cerrar el círculo de cierta forma. Colin Firth es Lomax como adulto, y Nicole Kidman es su esposa Patty, quien fuera un factor determinante en su proceso de sanación.

Es una película muy bien hecha que seguramente se perfilará al Oscar.

La otra historia de la vida real es Devil’s Knot escrita y dirigida por Atom Egoyan y titulada aquí Condenados, aunque corresponde a “el nudo del Diablo”, como se conoció al crimen salvaje en el que tres pequeños fueron asesinados en una población al oeste de Memphis. El paraje donde sus cuerpos se encontraron era “el calabozo del diablo”, pero los homicidios más la cantidad de irregularidades y dudas que surgieron en torno a la investigación llevaron a conocer el caso como “el nudo de diablo”.

Colin Firth aparece como un investigador que busca la verdad en algo que invita a preguntar: “¿Quién mató al Comendador? –Fuenteovejuna, señor”. Junto a él están Reese Witherspoon y Giovanni Ribisi como los papás de uno de los niños. Aún con ese reparto y Atom Egoyan como director la película deja mucho qué desear. Su aproximación al tema de los niños asesinados que está muy gastado en el cine, el bombardeo de nombres y datos, la inconsistencia de la historia y la poca sustancia con que se construye a los personajes, decepcionaron en un festival que en promedio mantiene un nivel bajo en sus propuestas dentro de la sección oficial.

Club Sándwich: También dentro de ese apartado se presentó la más reciente película de Fernando Eimbcke, representando a México en la competencia.

Se trata del tercer largometraje del realizador junto con Temporada de patos y Lake Tahoe. En su mismo estilo, definido como minimalista, cuenta la historia de una mamá y su hijo adolescente que pasan unos días en un hotel de Puerto Escondido. La forma de contar historias de Fernando hace que algunos espectadores se salgan “porque no está pasando nada”, pero sin duda tiene un talento especial para ir construyendo —lentamente eso sí— una compleja red de sentimientos, emociones y estados de ánimo en sus muy bien descritos personajes.

Tomándose su tiempo y en largas secuencias en las que en efecto casi no hay diálogos y la acción es mínima, conocemos a una mamá que vive con angustia el intenso despertar sexual de su hijo. María Reneé Prudencio y Lucio Giménez Cacho, se conectan con una enternecedora complicidad para dar vida a esta mamá y su hormonal hijo en camino de una nueva etapa de su relación.

Fernando Eimbcke demuestra que contar una historia simple de 80 minutos escasos puede implicar un proceso muy complejo. 

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