San Sebastián: Narco Cultura

La sección Perlas presenta en San Sebastián películas que han pasado en 2013 por los festivales del mundo con los que este evento comparte clasificación. Es una oportunidad de ver obras aclamadas en Berlín, Cannes, Toronto o Venecia. El perverso juego que trastoca los ...

La sección Perlas presenta en San Sebastián películas que han pasado en 2013 por los festivales del mundo con los que este evento comparte clasificación. Es una oportunidad de ver obras aclamadas en Berlín, Cannes, Toronto o Venecia.

El perverso juego que trastoca los valores cuando una deformación de las reglas de convivencia humana empieza a contaminar las relaciones entre las personas es el marco del documental Narco Cultura que se presentó el fin de semana en esta edición número 61 del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

Narco Cultura es una coproducción México-Estados Unidos dirigida y escrita por el periodista israelí Saul Schwarz, y se presentó causando una profunda impresión entre la prensa y el público en general que, a decir del periódico El País en su edición de ayer domingo, se quedaron con la pregunta “¿Por qué seguir?”. La última frase que se oye en el filme cierra casi dos horas de la narración de una realidad angustiosa que viven los habitantes de Ciudad Juárez, en México, donde huele a sangre y muerte desde hace ya mucho tiempo, demasiado tiempo.

Ya sea a partir de la polémica declaración de guerra contra el narco de Felipe Calderón, o porque somos una sociedad profundamente permeada por diversas áreas del crimen organizado desde hace varios sexenios, pero ciertos segmentos de la frontera norte de nuestro país se han convertido en “tierra de nadie”. Ciudad Juárez ve caer a sus hijos e hijas en medio de la incompetencia de la policía desorganizada y las nuevas generaciones van cambiando dramáticamente sus sueños e ilusiones por cosas más “practicas” —que no mejores al fin—.

Los niños tienen como ejemplo a los líderes de las bandas y cárteles que viven bien y son los amos de la región. La admiración a esas figuras se hace aun más patente en una expresión entrelazada estrechamente con el fenómeno: los narcocorridos. La industria de esta música da jugosas ganancias a los compositores e intérpretes que trabajan por encargo en verdaderos “himnos”, que una buena parte de la juventud de Ciudad Juárez entona a voz en cuello en los reventones, las ferias y los bailes de XV años, donde corre el alcohol, se intercambia la droga y se dan tiros al aire, sin que ninguna autoridad ponga siquiera un límite.

Un niño ve con naturalidad el sueño de llegar a ser como tal o cual capo de la droga en el norte de México. Una vida dentro de la legalidad como médico, abogado o maestro, ¿para qué? Las jovencitas aspiran a hacerse novias y esposas de algunos de ellos. Por fortuna un buen porcentaje de los habitantes de Juárez no piensan así.

Para los extranjeros que ven Narco Cultura la sensación de pesar es lógica cuando además se establece el doloroso contraste con El Paso, Texas, separado por unos cuantos metros del corazón de Juárez, en el que la violencia y la supremacía de los grupos criminales parecen no preocuparles demasiado. Sus calles se ven limpias y bien pavimentadas, por los parques pasean mamás con carriolas, y de alguna manera, se ven muy beneficiados por la derrama económica que representa la visita de los narcos y sus familias que, eso sí, hacen su “shopin” en los centros comerciales del otro lado de la frontera.

Con un manejo considerablemente gráfico de la violencia Saul Schwarz que como periodista tiene gran experiencia en el terreno de la fotografía, hace que la realidad de la narcocultura sea vista a través de los ojos de un compositor de narcocorridos, al que vemos subirse a una pick up con los clientes que le han hecho el encargo y cantarles a capella desde el asiento trasero, los primeros acordes de lo que será el registro musical de algún “héroe” del narco.

Por otro lado sigue a un perito del Servicio Médico Forense de Ciudad Juárez, que ha visto caer uno a uno a sus compañeros de trabajo en el cumplimiento de su deber, y que vive día a día pensando que él puede ser el siguiente.

El panorama que plantea Narco Cultura es desolador en cuanto a la realidad actual que priva en la región, pero lo verdaderamente grave es su recreación de cómo se están formando nuevas generaciones con un código de valores alterado por completo que amenaza con perpetuar el crimen, la violencia, la sangre y la muerte.

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