Lovelace, biografía descafeinada

La sensación que queda cuando terminamos de ver Lovelace EU, 2013 es la de que estamos ante una película que iba a ser mucho más de lo que fue en realidad. Y no es por la expectativa que podría generar el hecho de que se trata de la biografía de la actriz de cine porno ...

La sensación que queda cuando terminamos de ver Lovelace (EU, 2013) es la de que estamos ante una película que iba a ser mucho más de lo que fue en realidad.

Y no es por la expectativa que podría generar el hecho de que se trata de la biografía de la actriz de cine porno más famosa de la historia. No. La biopic de Linda Lovelace, dirigida por Rob Epstein y Jeffrey Friedman (de larga carrera en el cine documental) y escrita por Andy Bellin, tiene cualidades para ser una nueva exploración de este desafortunado personaje, especialmente el trabajo de dos espléndidos actores en los papeles protagónicos: Amanda Seyfried como Lovelace y Peter Sarsgaard como su manipulador marido Chuck Traynor, además de una irreconocible Sharon Stone en el papel de la mamá de ella, quien tuvo mucho que ver en el curso que tomó la vida de su hija. Parecería que los tres, pero sobre todo la pareja encabezando el reparto, se adueñaron de la cinta en la que no se ve un estilo narrativo ni personalidad.

El guión está basado, en buena parte, de la memorias que Linda Boreman nombre verdadero de la actriz porno escribió cuando decidió renunciar a su vida en la prostitución y la pornografía para convertirse en esposa, mamá y ama de casa, se pronunció contra la violencia doméstica y la explotación sexual.

La historia se inicia en la adolescencia de Linda, en un ambiente ultraconservador, religioso, hija única de una madre castrante y un padre gris. Sharon Stone se desprende de su belleza y glamour para personificar a esta mujer destructiva y retrógrada, y cuesta trabajo reconocerla tras la bien lograda caracterización y su trabajo en el lenguaje corporal y el manejo de la voz.

Cuando tenía poco más de 20 años, Linda conoció a Chuck Traynor, un hombre ignorante, casi primitivo y violento que la encaminó por el mundo de la fotografía pornográfica y más tarde el cine y la prostitución. Se casaron aparentemente muy enamorados y la hizo regresar a Nueva York, de donde se había mudado con sus papás, y empezó a explotarla para su beneficio económico personal.

Linda Lovelace no sería tema de esta columna si no fuera porque en 1972 se convirtió en la actriz porno más famosa de la historia cuando protagonizó Garganta profunda, dirigida y escrita por Gerard Damiano (Deep Throat, EU, 1972). Se trata de una película que marca un parteaguas en la industria del cine para adultos, pues se convirtió en un éxito tal que pasó de las salas de perfil XXX a un circuito de distribución comercial, con el que la propia difusión que el público hacía de ella la convirtió en el filme de moda que muy a pesar de la buenas conciencias y la conservadora administración de Richard Nixon, todos querían ver.

El tema, como buena película porno, es absurdo e irrelevante y parece que nació cuando Damiano vio a Lovelace practicando una felación con, llamémosle, un talento inusitado. Garganta profunda costó 40 mil dólares y es considerada la película pornográfica más rentable de la historia al sumar hoy en día una recaudación de más de 600 millones de dólares. Linda no vio nada de esas ganancias, pues su salario, mil 250 dólares, fueron a dar a la manos de su marido.

El otro factor que hace de Garganta profunda todo un icono es el hecho de que fue el seudónimo que eligió el informante de los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein del Washington Post y cuyas investigaciones pusieron en evidencia al presidente Nixon, cuya cabeza rodó dramáticamente.

Pero a pesar de las poderosas actuaciones de Seyfred, Sarsgaard y Stone, a Lovelace le falta sustancia y, tomando en cuenta el tema, mucha profundidad. Se queda apenas en la superficie en la exposición del otro personaje importante del relato: la voraz industria de la pornografía, para quedarse del lado de la heroína de la historia sin atreverse a mostrar sus momentos verdaderamente oscuros que debe haberlos tenido, y muchos. Con un personaje como Lovelace ¿dónde quedaron la emoción, el dramatismo? Casi podría verse en HBO.

Parecería que los actores se quedaron por momentos sin una dirección sólida y que su talento los llevó a sacar adelante a sus personajes, pero insisto, falta sustancia y emotividad. Eso que nos haría conectarnos con la desafortunada Linda Lovelace.

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