Deberás amar

De 1973 a 2012 el realizador estadunidense Terrence Malick ha filmado apenas seis películas, pero se ha ganado un lugar consolidado en el panorama de los directores contemporáneos en Estados Unidos. Cuarenta años para seis películas da un promedio de un poco más de ...

De 1973 a 2012 el realizador  estadunidense Terrence Malick ha filmado apenas seis películas, pero se ha ganado un lugar consolidado en el panorama de los directores contemporáneos en Estados Unidos. Cuarenta años para seis películas da un promedio de un poco más de seis años y medio dedicados a cada una.

Desde Malas tierras, Días del cielo, La delgada línea roja, El nuevo mundo, El árbol de la vida, y la que hoy nos ocupa y que se estrena en salas mexicanas, Deberás amar (To the wonder, Estados Unidos, 2012), todas son películas realizadas con verdadera meticulosidad y a las que se les nota el trabajo y tiempo invertidos, tanto en su estructura narrativa y en la estética de la muy cuidada fotografía, como en las selecciones musicales generalmente hechas por el propio cineasta. El trabajo de los actores y su comprensión de los complejos procesos mentales de Malick para escribir una historia y llevarla a la pantalla, son fundamentales en el resultado final.

Hace dos años dirigió El árbol de la vida (The tree of life, Estados Unidos 2011) con la que ganó nominaciones, reconocimientos y premios por todo el mundo. En el Festival de Cannes se llevó la Palma de Oro, a lo que por cierto ni se apareció, recibiendo el galardón en representación suya el protagonista de la película, Brad Pitt.  Terrence Malick es un hombre de bajo perfil que se presenta muy poco en público y no da entrevistas.

Habiendo dejado la medida tan alta había grandes expectativas en torno a lo siguiente que dirigiría un ganador de la Palma de Oro. Se trata de Deberás amar que cuenta con varias constantes del universo malickiano como su melancólico y casi pesimista punto de vista de la vida; la exploración del amor, entre hombre y mujer o padres e hijos;  de nuevo conlleva un acercamiento religioso y filosófico de Dios y de la condición humana; una o varias voces en off (fuera de cuadro) acompañan el relato de principio a fin con frases cortas, preguntas pausadas, reflexiones profundas, música clásica seleccionada con el criterio de todo un conocedor, una fotografía que se goza por su preciosismo, equilibrio y valor plástico. Las imágenes hablan con un enorme poder en el cine de Malick.

En Deberás amar el fotógrafo mexicano Emannuel Lubezki, cinco veces nominado al Oscar, colabora de nuevo con Terrence Malick después del bellísimo trabajo que hiciera en El nuevo mundo y El árbol de la vida. Su maestría en el manejo de la luz queda de nuevo de manifiesto en las imágenes que pueblan Deberás amar y que podrían valerle otra nominación a Lubezki junto con Gravedad, de Alfonso Cuarón.

Malick hace un cine muy personal y con aspiraciones artísticas, lo que provoca que la percepción sea que lo dirige a una minoría que “puede entenderlo y sentirlo”. Para interpretar y disfrutar a Malick hay que desprenderse de esquemas muy racionales y dejarse llevar por las emociones y sentimientos que producen las imágenes y la música.

Deberás amar es una historia de desamor y de fe en torno a cuatro personajes. Se inicia con una pareja que se ve feliz viajando por el Monte Saint Michel en el norte de Francia. Marina (Olga Kurylenko, bailoteando toda la película) es madre soltera de una niña y se ve perdida pero a la vez tristemente enamorada de Neil (un inexpresivo Ben Affleck), que parece ser un investigador de causas medioambientalistas y  la convence de mudarse con él a las praderas de Oklahoma. Marina está consciente de que los sentimientos de Neil están cambiando y lo confirma cuando aparece un antiguo amor de éste: Rachel McAdams.

El cuarto personaje es un sacerdote español, Javier Bardem (al que se antojaba le dieran más escenas) que está atravesando por una crisis de fe y se comunica constantemente con Dios.

Deberás amar bebe de El árbol de la vida, pero sin duda es menor. Influye que Ben Affleck, un actor más bien limitado, parece estar preguntándose qué rayos quería Malick; es el negrito en el arroz de esta cinta que con otro actor hubiera sido mucho más convincente.

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