Elefante blanco: los caminos de la fe
Como parte de la 54 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional del año pasado llega a su estreno comercial Elefante blanco, película argentina presente en el Festival de Cannes que aun con algunas dificultades en su guión alcanza buenos resultados descansando ...
Como parte de la 54 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional del año pasado llega a su estreno comercial Elefante blanco, película argentina presente en el Festival de Cannes que aun con algunas dificultades en su guión alcanza buenos resultados descansando sobre todo en la poderosa fotografía y la presencia del gran actor argentino Ricardo Darín quien parece no tener problemas para ponerse con toda naturalidad en la piel de un abogado sin escrúpulos (Carancho), un ladrón venido a menos (Siete Reinas), un hijo y padre amoroso (El hijo de la novia), un burócrata segundón enamorado (El secreto de sus ojos) o, como en Elefante blanco ,un sacerdote entregado en cuerpo y alma al amor y servicio de los demás.
Con sus diferencias muy claras pero esta nueva película del director Pablo Trapero también recuerda La Misión de Roland Joffé al girar en torno a dos sacerdotes católicos, el padre Julián interpretado por Darín y el padre Nicolás en la persona del actor francés Jéremié Renier. Los dos hombres comparten el amor a Dios y al prójimo pero sus métodos y más profundas convicciones son opuestos, tanto como los de los sacerdotes que luchan por conservar su misión en la selva sudamericana en la película protagonizada por Jeremy Irons y Robert De Niro.
Es evidente también la influencia de la brasileña Ciudad de Dios de Fernando Meirelles y con un relato que se reafirma por la espléndida fotografía que se vale de numerosos y muy bien logrados plano secuencia, se desarrolla la historia de Nicolás, un sacerdote belga que presencia una matanza de indígenas en la Selva del Amazonas sin poder hacer nada por ayudar a la población. Convaleciente de sus heridas y arrastrando el sentimiento de culpa es rescatado por Julián quien lo involucra en el trabajo en una “villa” bonaerense y en donde empiezan a surgir sus diferencias ideológicas. La historia transcurre en esta villa que es muy parecida a una ciudad perdida en algún rincón de México. Julián y Nicolás trabajan arduamente para mejorar la calidad de vida de cientos de familias que subsisten en medio del crimen, la pobreza, la prostitución, las limitaciones y el tráfico de drogas.
En la villa hay un enorme edificio abandonado sin terminar que iba a ser el hospital más grande de América Latina y que sirve de refugio a ilegales, delincuentes y drogadictos. Se le conoce como “elefante blanco”.
En esta suerte de favela Nicolás y Julián realizan una labor impresionante de servicio a la comunidad pero se enfrentan con toda clase de obstáculos: la incompetencia, corrupción e indiferencia de las autoridades, los intereses políticos, la excesiva cautela de sus superiores en la congregación que no quieren meterse en problemas, el narcotráfico, la delincuencia juvenil e infantil, la proliferación de armas, la competencia por el control de territorios, la violencia creciente y la pobreza. ¿Le suena conocido?, ¿verdad que lo tenemos a la vuelta de la esquina?
La fe es vista y practicada en formas muy distintas por Julián y Nicolás y tienen sus virtudes y defectos, sus miedos y seguridades. Ambos son dos valientes con puntos de vista diferentes de la fe.
Trapero hace gala de un dominio impresionante de la técnica con varias secuencias de acción y el suspenso se sostiene hasta el final en imágenes que se quedan en la mente. El final es abierto a la interpretación del espectador.
El guión tiene algunos baches como el personaje de la trabajadora social que no parece amar lo que hace, el policía que colabora con ellos, las discusiones sobre una construcción que se está paralizando por falta de fondos. Las subtramas no terminan de redondearse y llegan a distraer pero el realizador invita a reflexiones fascinantes sobre el amor, la compasión, el compromiso, la fe, el celibato sacerdotal, la ira, la decepción, la impotencia, la rebeldía, el abandono y la irresponsabilidad.
Elefante blanco es una buena película que hay que ver.
8/10.
