Terapia de riesgo: Efectos secundarios

Este viernes se estrena en México si no hubo cambios de última hora por parte de la distribuidora la más reciente película de Steven Soderbergh que también podría ser la última, en el caso de que el director estadunidense cumpla su anuncio de que se retira de la ...

Este viernes se estrena en México —si no hubo cambios de última hora por parte de la distribuidora— la más reciente película de Steven Soderbergh que también podría ser la última, en el caso de que el director estadunidense cumpla su anuncio de que se retira de la dirección cinematográfica.

Se trata de Side effects-Efectos secundarios (Estados Unidos, 2013), que en México se titula Terapia de riesgo, ni modo. Está inspirada en el libro homónimo de Alison Bass que es una novela de no-ficción en la que se cuenta la historia real de un sonado caso que llegó a los tribunales estadunidenses en torno a la elaboración de un antidepresivo administrado a millones de adultos y niños de nombre Paxil.

La película de Soderbergh se va al terreno de la ficción con un muy buen guión de Scott Z. Burns, que ya colaboró con el director de la trilogía de Ocean’s Eleven en Contagio y El informante. Los personajes en el guión de Burns están muy bien descritos.

La película se inicia con Emily —espléndida Rooney Mara— que es una joven sombría y gris que espera la salida de la cárcel de su marido, quien estuvo encerrado cuatro años por negocios ilícitos. El matrimonio se ve enamorado y feliz de estar juntos de nuevo, pero Emily ha desarrollado una fuerte tendencia a la depresión mientras estuvieron separados y trata de suicidarse sin éxito.

En el hospital en que es atendida la entrevista un siquiatra que es otro personaje enigmático. Jude Law es el doctor Jonathan Banks, un inglés que ejerce su profesión en Estados Unidos. Esta acostumbrado a un nivel de vida muy alto, tiene problemas matrimoniales y trata de conseguirse ingresos por otros medios como cubrir dobles turnos en el hospital o colaborar con laboratorios que están probando medicamentos.

Emily comienza a asistir a terapia en el consultorio de Banks que es un sujeto ambivalente, con ciertos escrúpulos que ha encontrado la manera de mantener apaciguados. La conciencia lo “visita” de vez en cuando y parece un ser que todavía puede redimirse.

Soderbergh viene de una temporada con títulos poco sobresalientes como Agentes secretos, Magic Mike (sobre el mundo de los strippers) y Contagio que puede ser la más lograda. Pero también hay que destacar que su carrera se inició con la icónica Sexo, mentiras y video y que en su filmografía destacan otros títulos como Traffic, El buen alemán, Che: el argentino.

Terapia de riesgo tiene varios giros inesperados en la narración y la interacción de los personajes es muy convincente completándose el reparto con Catherine Zeta-Jones, que es otra siquiatra, fría y calculadora que trató a Emily en una etapa inicial de su enfermedad.

Los médicos dicen que la depresión es el mal de nuestros días. El negocio de la elaboración y venta de antidepresivos y en general los medicamentos para tratar los múltiples trastornos del sistema nervioso, reportan ganancias de miles de millones de dólares al año. Los consultorios de los siquiatras están llenos y los costos de las consultas son vergonzosamente altos. Para colmo hay que ir una vez a la semana —si le va bien— y esto por meses o años. La depresión nerviosa es una enfermedad muy cara para el que la sufre y un negocio redondo para los que viven de ella.

A eso hay que sumar la falta de ética de algunos laboratorios y médicos que recetan medicamentos delicados que llevan a los pacientes a sufrir efectos indeseables como es el caso de lo que pasa con Emily en Terapia de riesgo, cuando llega a una conducta extrema y comete actos gravísimos que ponen en entredicho la reputación del doctor Banks.

Ojalá no sea la despedida de Steven Soderbergh, que es de los cineastas hollywoodenses que aportan y todavía tiene mucho que decir.

Terapia de riesgo es muy recomendable y de alguna manera pone sobre la mesa los contubernios de laboratorios, médicos y hasta academias de especialistas en torno a la explotación de las desgracias humanas como la enfermedad mental.

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