The Master: 2 actores 2

Paul Thomas Anderson es un director estadunidense con un talento innegable para sacar lo mejor de sus actores. Probablemente algunas de sus películas no alcancen a ser todo lo redondas que deberían, pero el trabajo de los intérpretes es siempre impecable. Tampoco podemos ...

Paul Thomas Anderson es un director estadunidense con un talento innegable para sacar lo mejor de sus actores. Probablemente algunas de sus películas no alcancen a ser todo lo redondas que deberían, pero el trabajo de los intérpretes es siempre impecable. Tampoco podemos negar que algunos de ellos cruzan peligrosamente esa delicada línea que separa el trabajo actoral austero de la sobreactuación, pero de que llenan la pantalla y se visten de sus personajes no hay duda.

En The Master (Estados Unidos, 2012), Anderson aborda de nuevo el tema del poder y el control como lo hiciera en Magnolia su mejor película, Boogie Nights y el mundo de la pornografía, Pozos de ambición o There will be blood acerca del ascenso de un don nadie ambicioso y su crecimiento en el mundo de la explotación petrolera hasta su decadencia familiar y personal.

La polémica en torno a The Master se recrudeció en ciertos sectores pues el guión del propio Anderson está inspirado en la figura de Ron Hubbard, fundador de la Cienciología o Dianética. Su argumento está trasladado a una ficción que se desarrolla sobre los hombros de dos actores gigantescos: Joaquin Phoenix y Phillip Seymour Hoffman. El desarrollo del relato tiene ciertas carencias, pero ambos histriones se apoderan de sus personajes y de la escena de manera casi visceral, en una excelente colaboración con su meticuloso director que debe haberlos puesto contra las cuerdas para exprimirlos física y emocionalmente.

Volviendo al tema de la sobreactuación hay que recordar que así fue calificado el trabajo de Daniel Day-Lewis en Pozos de ambición aunque a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas le pareció merecedor del Oscar al Mejor Actor de 2008, al igual que su actuación en Mi pie izquierdo de 1990. Day-Lewis tiene esa característica en su técnica actoral, se acerca al exceso, lo que no ocurre en su interpretación de Abraham Lincoln en la cinta de Spielberg.

En The Master Joaquin Phoenix también puede lucir ligeramente sobreactuado, pero hace gala de un dominio absoluto del lenguaje corporal, la forma de caminar, la modulación de la voz, el parpadeo de sus ojos. En la película da vida a Freddie, un trastornado veterano de la Segunda Guerra Mundial del que los primeros 30 minutos de la película se dedican a mostrar la gravedad de su neurosis, aunque hace falta saber un poco cuáles fueron aquellas terribles vivencias en el frente que acabaron rompiendo su frágil equilibrio mental y emocional. Phoenix luce impactante en la pantalla, se abandona a su personaje y llega a resultar hasta repulsivo.

Freddie es un ser elemental y primitivo cuya vida cambia drásticamente cuando conoce a Lancaster Dodd, impresionante Phillip Seymour Hoffman y ahí empieza el verdadero agasajo en The Master cuando estos dos actores hacen chispas juntos en la pantalla. Comparten muchas escenas intensas y resultan profundamente hipnóticos en su colaboración, en la forma en que se adivinan y en la complicidad que logran en escena. Estamos ante uno de los duelos de actuación más potentes en la historia del cine que incluso trasciende la propia película en que se da. Insisto, qué buen director de actores es Paul Thomas Anderson.

Dodd es el líder, el carismático Maestro y fundador de un movimiento religioso-espiritual-filosófico que se conoce como La Causa (alusión clara de la Cienciología), muy astuto y con una sensibilidad particular que le permite descubrir el alma atormentada y solitaria de Freddie que se convierte en su discípulo más activo. Entre ambos se establece una relación que va del padre al hijo, del pupilo al maestro, del que sabe al que quiere saber y creer, del poderoso al sometido. Finalmente ambos parecen frutos del mismo árbol.

Los vacíos existenciales y espirituales, la soledad, el miedo, la necesidad de pertenencia, son el caldo de cultivo para el nacimiento de una religión que en esta película recuerda a la Cienciología sin que Anderson permita que se convierta en la estrella del relato. Más bien explora a fondo dos polos del tema: los hombres y mujeres que buscan algo “superior” o más poderoso para encaminar su fe, y aquellos que aprovechan debilidades, carencias y miedo para imponer su liderazgo y poder.

No es cine para pasar el rato, pero Joaquin Phoenix y Phillip Seymour Hoffman juntos, merecen el esfuerzo.

8/10.

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