Cambio climático, un asunto de seguridad nacional
Aquellos gobernantes o aspirantes a gobernar que pasen por alto el cambio climático y no lo vean como una real y potencial amenaza a la seguridad nacional, están atentando contra la estabilidad presente y futura de las personas. Los hechos demuestran la fuerza destructora de sus impactos; además, no sólo vulneran las cuestiones sociales o económicas, de desarrollo o crecimiento de un país, sea rico o pobre, también dañan a los más frágiles; además, acrecientan pobreza y marginación
Así como es urgente reconocer que el cambio climático lesiona la paz, debemos ser conscientes de que se trata de un problema global provocado por el ser humano y, como tal, es imperante acelerar las acciones para evitar que se expandan sus afectaciones, de lo contrario, llegaremos al punto de no retorno.
Aunque no es una obligación, sería recomendable tomar en cuenta los hallazgos de los estudios.
El pasado 17 de enero, como cada año y previo al encuentro en Davos, Suiza, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) dio a conocer el Informe Global de Riesgos 2018 (Global Risks Report 2018), en el cual mil expertos consultados indicaron que las amenazas que se ciernen sobre el mundo son los fenómenos climáticos extremos, altas temperaturas y los desastres naturales.
Se suman la acelerada pérdida de biodiversidad a un ritmo de extinción masiva, sistemas agrícolas bajo presión, contaminación del aire, el suelo y el agua, así como fallas en la mitigación y adaptación al cambio climático.
Además, el desafío de transición se centra en bajar las emisiones de carbono para frenar el cambio climático.
Y no es fácil lograrlo, con todo y que el mundo cuenta con el Acuerdo de París, el cual busca disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, descarbonizar las economías y evitar que la temperatura rebase los dos grados centígrados, entre otros objetivos.
Pero, por momentos, pareciera que todo juega en contra, más cuando en 2017 las emisiones globales de CO2 volvieron a incrementarse por primera vez en cuatro años. O el que hace unos días la Organización Meteorológica Mundial y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos ratificaron que 2017 fue uno de los tres años más cálidos de acuerdo con datos con los que se cuenta. Es decir, en ese año, las temperaturas medias globales superaron en 1.1 grados centígrados a las de la era preindustrial.
Así, de entre una treintena de riesgos globales, los encuestados enumeraron en términos de probabilidad “los eventos de clima extremo, en el primer lugar; seguidos por desastres naturales, ciberataques, fraude o robo de información y fracaso en mitigar y adaptarnos al cambio climático”.
Sí, el clima extremo es el que consideran el peligro más inminente.
¡Y cómo no! El año pasado, los fenómenos climatológicos, como los huracanes Harvey, Irma y María, que causaron gran destrucción y pérdidas millonarias en Estados Unidos y el Caribe, nos dieron una muestra de lo que es capaz la inestabilidad climática.
Mientras que los desafíos de mayor impacto, en orden de importancia, son: armas de destrucción masiva, eventos de clima extremo, desastres naturales y el fracaso en la mitigación y adaptación al cambio climático y, en quinto lugar, destaca una crisis de agua.
Como podemos ver, el grueso de los riesgos probables y de mayor impacto son los relacionados con el deterioro ambiental y no se puede dejar de relacionar un ataque con armas de destrucción masiva, porque no sólo aniquilaría a personas y devastaría infraestructuras, también mataría toda forma de vida con graves afectaciones a los ecosistemas.
Sí, todo esto tiene razón de ser en la inquietud de los expertos.
El Informe Global de Riesgos 2018 indica que el “verdadero desafío sistémico” reside en la interconexión entre los riesgos ambientales y los riesgos en otras categorías, como las crisis de agua y la migración involuntaria.
Y llama la atención la referencia a la tendencia creciente al unilateralismo —aunque no lo menciona por su nombre, se refiere a las decisiones del gobierno estadunidense, encabezado por Donald Trump—, lo cual podría dificultar el esfuerzo de la comunidad internacional en el combate al cambio climático.
Tan ya sabemos cuál ha sido el modus operandi de Trump desde su campaña, que no debiera extrañarnos el hecho de que el Pentágono haya eliminado el cambio climático y sus impactos de la estrategia de defensa nacional, dada a conocer el viernes pasado.
Allá Trump y su negacionismo.
Pero lo cierto es que ningún jefe de Estado o de gobierno o cualquiera que aspire a gobernar una nación debe desdeñar el cambio climático, porque socava la estabilidad y la paz.
Es tan real que es un deber incluirlo como un asunto urgente de seguridad nacional, así como en las plataformas de campaña. De no hacerlo, habrán fracasado.
