Ecoloco Trump

Irremediablemente, la catástrofe se ve cada vez más cercana. El 8 de noviembre el estado de las cosas y el consenso de 195 países por lograr un acuerdo histórico para combatir el cambio climático y mitigar sus golpes, así como transitar hacia sociedades menos dependientes de los hidrocarburos, o los esfuerzos por invertir más en energías limpias para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y evitar el ascenso de la temperatura por arriba del umbral de los 2°C, podrían verse amenazados y, aun peor, desechados por un solo hombre: Donald Trump.

Lo más increíble es el embelesamiento por el magnate y candidato republicano a la Casa Blanca por parte de un gran sector de la sociedad estadunidense, pues aplauden los borbotones de odio y falsedades arrojados en cada frase o escrito en Twitter. 

Trump es, peligrosamente, un fiel creyente de que la Tierra no se calienta y el cambio climático es una falsa alarma, un fraude y un caro engaño; además, está convencido  —y de ahí nadie lo mueve— de que su origen no es antropogénico, sino pura y llanamente natural.

Tales afirmaciones no podrían estar más alejadas de la realidad. Ahí están las investigaciones de los científicos sobre la gravedad del cambio climático o los esfuerzos internacionales a través de los años  —a pesar de las resistencias de algunos— guiados por Naciones Unidas para hacerle frente.

Basta recordar el tuit de Trump lanzado el 6 de noviembre de 2012: “El concepto de calentamiento global fue creado por los chinos, para hacer menos competitiva a la industria manufacturera estadunidense”.

Sí, el magnate es un peligro para sus connacionales, pero también para la humanidad entera. Ha dicho que retirará a Estados Unidos del Acuerdo de París contra el Cambio Climático. Y ha ido más allá. Se aventó la puntada de amenazar con desaparecer la Agencia de Protección del Medio Ambiente y desmantelar el ambicioso proyecto del presidente Barack Obama: el Plan de Energía Limpia, que, dicho sea de paso, no contó con el apoyo de los republicanos en el Congreso.

Su postura pareciera estar en contra de proteger el ambiente y sí en favor de dañarlo al prometer el fortalecimiento de la industria de los hidrocarburos, la cual nos tiene con temperaturas cada vez más calientes; es la causante del deshielo acelerado del Ártico, y es la culpable del envenenamiento del aire, el agua y los suelos, entre muchos otros males.    

Y como aún hay tiempo para levantar la voz en contra de las amenazas y el odio emanados de la retorcida mente de Trump, venturosamente, el pasado 20 de septiembre 375 miembros de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, entre estos 30 premios Nobel —incluido el mexicano Mario Molina— autodenominados Responsible Scientists (Científicos responsables), publicaron una carta abierta.

Advirtieron que si Estados Unidos saliera del Acuerdo de París, no sólo estaría en peligro su credibilidad internacional, sino también las consecuencias del cambio climático serían graves y de larga duración para el planeta.

Por supuesto, el destinatario es el mismísimo Trump, pues las probabilidades de convertirse en el nuevo inquilino de la Casa Blanca son muy altas, por lo cual los científicos destacaron en la misiva: “El cambio climático causado por los seres humanos no es una creencia, un engaño o una conspiración. Es una realidad física… Estamos seguros, más allá de toda duda razonable, que el problema es causado por el hombre y es real, grave e inmediato, pues plantea riesgos significativos a la capacidad de prosperar y construir un mejor futuro...”.

Pero, también, nosotros debemos acusar de recibo. Es un deber leer con atención el texto (www.responsiblescientists.org) y reflexionar acerca del presente y del futuro, porque justo fue la ciencia la que llevó a los gobiernos del mundo a discutir y aprobar, a pesar de las grandes diferencias, el Acuerdo de París en diciembre pasado, el cual ya ha sido ratificado al momento por 60 países, que representan alrededor de 48% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y, para su entrada en vigor (lo ideal sería a finales de año), se requiere de 55%; ya sólo faltan 26 naciones por entregar sus instrumentos de adhesión, entre ellos la Unión Europea.

Sería un buen golpe que la candidata demócrata, Hillary Clinton, hoy en el primero de los tres debates presidenciales, atacara fuertemente las inauditas posturas de Trump, como el rechazar la ciencia y el cambio climático. Porque si el republicano gana la Presidencia, será una catástrofe para ese país y para la Tierra.

Lo cierto es que la política estadunidense y el cambio climático ya están en un punto de inflexión.

  Twitter: @lorerivera

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