Garabato no mata contaminación
En efecto, la firma del Acuerdo de París sobre Cambio Climático suscrito por 175 países de 195 en un solo día —22 de abril en el marco del Día Internacional de la Madre Tierra— es un hecho sin precedente, histórico, como fue calificado por el secretario de Naciones Unidas, Ban Ki-moon; sin embargo, no serán suficientes los garabatos y garabatos que plasmaron los líderes mundiales en tambaches de papeles si permanecemos en la contemplación absoluta.
Y eso va no sólo para los gobernantes, legisladores y empresarios, sino también para nosotros, las sociedades, porque podemos cooperar en mucho para hacer la diferencia entre evitar la subida de la temperatura y no sobrepase los 2ºC (lo ideal sería 1.5ºC), con cada una de las actividades cotidianas, o bien, ser parte de los culpables por no alcanzar la meta.
En la ceremonia, Ki-moon destacó: “La presencia de tantos países y líderes no deja dudas de que el mundo está decidido a asumir la tarea climática. El próximo paso crucial es garantizar que el acuerdo entre en vigor lo más pronto posible”.
Porque el verdadero desafío está en que los congresos de los Estados firmantes del pacto mundial —y los que aún faltan— lo ratifiquen sin trabas —como acostumbran los políticos e intereses económicos—. Sí, es urgente y de ello dependería la supervivencia de todo ser vivo y de muchos ecosistemas.
Sólo 15 países depositaron sus instrumentos de ratificación el viernes mismo, porque son de entre las naciones más vulnerables al cambio climático.
Pero para que el acuerdo sea un hecho real es requisito que al menos 55 países lo ratifiquen (juntos producen 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero) y sería un enorme avance si Estados Unidos, China, Brasil, Rusia y la Unión Europea fueran de los primeros grandes emisores en hacerlo, pues ellos son responsables de 75% de los contaminantes.
Recordemos que el tiempo para mitigar el fenómeno climático y fortalecer nuestra resiliencia es, en verdad, muy escaso. El Ártico presenta un deshielo aterrador, la Antártida empieza a derretirse y 2015 ya fue catalogado como el año más caliente del que se tenga registro. Desafortunadamente aún están por venir más calamidades ocasionadas por la naturaleza misma, como erupciones volcánicas, y las provocadas por el descuido humano, como los incendios forestales.
El mismo viernes, en el portal del periódico USA Today, se publicó un artículo firmado por el Nobel de Química mexicano, Mario Molina; V. Ramanathan, descubridor del efecto invernadero de los halocarbonos, y Durwood Zaelke, presidente del Instituto para la Gobernabilidad y el Desarrollo Sustentable, en el cual justo ponen de manifiesto que la firma del acuerdo es importante, pero no suficiente, porque la medida inmediata a tomar es cortar —además del dióxido de carbono— lo que denominan como los cuatro supercontaminantes: ozono a nivel del suelo, hollín negro de carbono (emitido por plantas de energía y motores a diesel), metano (cuyas fuentes son sistemas de gas natural y agricultura) y refrigerantes de hidrofluorocarbonos (HFC) contenido en aires acondicionados y otros sistemas.
Destacan que cortar estos supercontaminantes “podría ser la diferencia entre un clima razonablemente seguro y uno que lleve al escalonamiento de costos humanos y financieros”.
Los tres científicos aseguran que los riesgos para la salud humana se están acelerando, pues tan sólo en EU cada año miles de personas morirán prematuramente debido a olas de calor extremas, inundaciones y tormentas violentas, así como por enfermedades transmitidas por mosquitos y garrapatas, de acuerdo con un informe de la Casa Blanca.
Por ello es tan importante escuchar a los especialistas y ejecutar programas con base en sus observaciones y sugerencias, como la de atacar a los supercontaminantes. Aunque me atrevo a señalar que habrá intereses enfocados en bloquear tales afirmaciones, pero los hechos ahí están: al derretirse el Ártico —que debería ser un santuario protegido— se libera metano, causante aún más del calentamiento global.
Y mientras sigamos teniendo transporte con motor a diesel y no nos esforcemos en sustituirlo por uno con tecnología limpia, seguiremos respirando esa porquería llamada hollín negro de carbono.
Como lo señaló Ban Ki-moon en la ceremonia de la firma del Acuerdo de París, “la era del consumo sin consecuencias ha quedado atrás” y deberán de intensificarse los esfuerzos para “descarbonizar a las economías”, para que los más necesitados no sufran las consecuencias de un fenómeno que no crearon.
Así, lo más rudo en la lucha climática —negociaciones entre intereses económicos y políticos— aún está por verse.
Twitter: @lorerivera
