Obama, el cruzado climático
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quiere asegurarse de que sus nietos y las generaciones futuras puedan ver las maravillas de la naturaleza, como el glaciar Exit, ubicado en el Parque nacional de los fiordos de Kenai, Alaska, pero desafortunadamente este gran bloque de 3.2 kilómetros se deshiela a un ritmo cada vez más acelerado.
Por ello, el presidente de Estados Unidos se ha lanzado a una cruzada sin precedentes contra el cambio climático, la cual tiene como objetivo llamar la atención de su nación y del resto del mundo respecto de que es la actividad humana la que está alterando esas maravillas naturales.
Del discurso pasó a la acción. Después de un arduo trabajo y participación pública, cristalizó el ambicioso Plan de Energía Limpia para reducir las emisiones de carbono, el cual presentó recientemente junto con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.
Este plan, por primera vez, pone límites a las empresas que tienen plantas eléctricas, la mayor fuente de contaminación para ese país.
Y hay que resaltar que el plan es flexible y sin imposiciones, puesto que cada uno de los 50 estados que conforman la Unión Americana para cumplir con los nuevos estándares podrán desarrollar sus propios planes de reducción de gases contaminantes emanados de las generadoras eléctricas alimentadas por combustibles fósiles.
La meta es clara y justa: las plantas de energía eléctrica deberán bajar 32% sus emisiones de dióxido de carbono para 2030 con respecto a los niveles experimentados en 2005.
Obama no sólo está dejando lo que posiblemente sea el legado verde más importante de su administración, sino también está asumiendo el liderazgo mundial en la lucha contra el cambio del clima, a sabiendas de que el desafío es enorme y que deberá enfrentar no una sino varias oposiciones en distintos frentes: hacia adentro de su propia nación y con países desarrollados y emergentes.
Y es seguro que de aquí a la realización de la Cumbre de París, en cada presentación pública en la que se aborde el tema, lo veamos decidido a defender su plan y las energías renovables, pues ha sido enfático al señalar que son una inversión rentable, además de ser competitivas en los mercados.
Es un hecho que no llegará con las manos vacías a París, lleva bajo el brazo su Plan de Energía Limpia y el liderazgo de su nación en materia de renovables.
No podíamos esperar menos de este líder pragmático, con un estilo osado de gobernar, espontáneo, cercano y abierto.
Y, como un buen estratega en el manejo mediático, Obama se ha apoyado de todos los instrumentos disponibles para hacer llegar su mensaje en esta cruzada.
En la pequeña aldea de Kotzebue, Alaska, el Presidente dio una entrevista en exclusiva a Rolling Stone, a cargo de Jeff Goodell, editor colaborador de la revista.
Ésta y un video de poco más de nueve minutos salieron al aire en el sitio web el 23 de septiembre, mientras que la edición impresa estará en circulación en estos días, con Obama vestido de negro en la portada y el tema central bajo el título “Obama’s Climate Crusade, The Rolling Stone Interview” (“La Cruzada Climática de Obama, la entrevista de Rolling Stone”).
Con el detalle del paisaje y los problemas que enfrentan población y territorio, Goodell describió que Alaska “se derrite como un helado en una banqueta en el verano”.
En la plática uno a uno —de poco más de una hora—, el entrevistador destacó el tono mesurado y serio del Presidente, con el cual él sugirió que el destino de la civilización humana está en sus manos.
Así, cambiar los corazones y las mentes de los estadunidenses y del mundo sobre el cambio climático, lo cual requiere un enfoque estratégico, fue el motivo central de la visita del mandatario a Alaska.
Una de las preguntas más sensibles para Obama, líder de la economía más grande del mundo y la segunda más contaminante, fue la de cómo manejar la responsabilidad de evitar una catástrofe de dimensiones inimaginables que afectará a toda la humanidad, incluidas las vidas de sus hijas. A lo cual el Presidente respondió que piensa mucho en Malia y en Sasha, y en los hijos que tendrán.
“Ayer, cuando estábamos en el agua, navegando alrededor de los fiordos, y una nutria marina nadaba de espalda alimentándose de su vientre, y una marsopa saltaba fuera del agua y la ballena lanzaba agua, me dije a mí mismo: ‘Yo quiero asegurarme de que mis nietos vean esto’”.
Es ineludible, Obama tiene un doble compromiso moral de luchar sin tregua, pues como ha dicho: “Somos la primera generación en sentir los efectos del cambio climático y la última que puede hacer algo al respecto”.
Twitter: @lorerivera
