¿Qué tipo de ganador será AMLO?
¿Qué va a pasar si AMLO gana, pero no por el amplio margen que indican las encuestas? ¿Y si su coalición no consigue mayoría en algunas de las dos cámaras del Congreso? ¿Argüirán que la “mafia en el poder” les hizo fraude para evitar carro completo?

Leo Zuckermann
Juegos de poder
Ayer, en este espacio, comentaba lo mal perdedor que ha sido López Obrador a lo largo de su historia como candidato a puestos de elección popular. Su fórmula le ha funcionado: está a punto de convertirse en el próximo Presidente de México. Hay una probabilidad alta de que efectivamente gane —no me cansaré de repetir, sin embargo, que una probabilidad baja no es una probabilidad nula— en esta ocasión. Si así es, ¿qué tipo de ganador será? Nuestro colega Macario Schettino dice que un mal perdedor no puede ser un buen ganador. Yo también tengo mis dudas.
El lunes, en el programa radiofónico de Ciro Gómez Leyva, Germán Martínez, flamante lopezobradorista de hueso colorado, afirmó que López Obrador se llevará la Presidencia, pero si Miguel Ángel Yunes Márquez le gana la gubernatura de Veracruz al candidato de Morena, Cuitláhuac García, entonces ellos van a impugnar dicha elección porque tienen la evidencia de que ya rebasaron el tope de gasto de la campaña. “Se va ir al VAR”, afirmó Martínez utilizando una analogía futbolera. Desde luego que están en su derecho a impugnar las elecciones que quieran. De hecho, todos los partidos van a impugnar todas las elecciones. Así ya es el juego en México. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación tendrá que resolver miles de demandas.
El asunto, empero, es la posición del lopezobradorismo frente a una gran victoria. Todo indica que van a argumentar que las elecciones que ganaron, incluyeron la presidencial, fueron limpísimas y las que perdieron, fraudulentas. En este sentido, ¿se puede ser, al mismo tiempo, buen ganador donde se gana y mal perdedor donde se pierde? ¿Es esto ser un buen ganador?
¿Qué va a pasar si AMLO gana, pero no por el amplio margen que indican las encuestas? ¿Y si su coalición no consigue mayoría en algunas de las dos cámaras del Congreso? ¿Argüirán que la “mafia en el poder” les hizo fraude para evitar carro completo?
Acepto mi victoria donde gané, pero no donde perdí. ¿De verdad se van a ir por esa ruta? Puede ser. Ya sucedió en la elección de 2006 cuando López Obrador perdió la Presidencia, pero su candidato a jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, ganó. ¿Qué hicieron en esa ocasión? Hipócritamente rechazaron los resultados de la primera —alegando un fraude que nunca probó— y gustosamente aceptaron los de la segunda.
¿Qué hará AMLO: aceptará sin chistar su victoria y las derrotas donde pierdan sus candidatos? ¿Será sólo un tema de impugnación en los tribunales o movilizará a su base social para protestar y presionar en las calles?
Con toda razón, Héctor Aguilar Camín argumenta que el eventual discurso de la victoria será fundamental para ver qué tipo de López Obrador gobernará. ¿Llamará a la conciliación nacional o seguirá polarizando con un discurso populista de la “mafia del poder” en contra del “pueblo bueno”? ¿Cuál AMLO saldrá a escena el domingo después de que el INE anuncie los resultados de su conteo rápido? ¿El sensato y pragmático que nos pinta Alfonso Romo o el radical y justiciero que vende John Ackerman?
El 3 de julio de 2006, Manuel Camacho publicó, como todos los lunes, su editorial en El Universal. Convencido que había ganado López Obrador el día anterior, llamaba a la reconciliación nacional. El problema es que AMLO había perdido y, a diferencia de lo dicho por Camacho, ya estaba en pleno proceso de radicalización. Pero ahí quedó, para el registro histórico, un intento de moderación de un político ponderado como Camacho, quien mandó su artículo pensando que AMLO había triunfado.
¿Qué pasará en esta ocasión? ¿Se impondrán los moderados o los radicales en el primer discurso del posible ganador? ¿Se intentará tranquilizar a los mercados o aflorará todo el rencor y la amargura de tantos años?
En 2000, el candidato ganador tomó una decisión fundamental para la transición pacífica del poder. A Fox le llevaron evidencia de que el PRD había hecho fraude en la elección de jefe de gobierno del Distrito Federal. Muchos, dentro del PAN, querían impugnar dichos comicios para lograr el triunfo de Santiago Creel sobre López Obrador. Fox se rehusó porque, para él, lo importante es que habían ganado la Presidencia. Creel se convirtió en secretario de Gobernación y AMLO en jefe de Gobierno. ¿Hará lo mismo AMLO el domingo si gana? ¿Dejará ir todas las elecciones que pierda su coalición para despresurizar el conflicto poselectoral o será él mismo el que atice dicho conflicto? ¿Será un buen ganador que también acepte las derrotas?
Twitter: @leozuckermann