México y la reforma fiscal de Estados Unidos

Respondo a los que me han preguntado sobre los posibles efectos que tendría la reforma fiscal de Estados Unidos en México. Lo primero que hay que decir es que existe una alta probabilidad de que Trump sí cumpla esta promesa de campaña. A diferencia de la derogación ...

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

Respondo a los que me han preguntado sobre los posibles efectos que tendría la reforma fiscal de Estados Unidos en México. Lo primero que hay que decir es que existe una alta probabilidad de que Trump sí cumpla esta promesa de campaña. A diferencia de la derogación de la reforma sanitaria (Obamacare), el Presidente cuenta, al parecer, con los votos de la mayoría republicana en el Congreso para sacar adelante su reforma fiscal. Además, como es lógico, las grandes corporaciones estadunidenses y los mercados financieros apoyan la reducción del Impuesto Sobre la Renta (ISR) para las corporaciones. Actualmente, la tasa del ISR en Estados Unidos es del 35%. La propuesta es bajarla al 20 por ciento.

De aprobarse esta disminución, las empresas de todo el mundo van a tener un incentivo para mudar sus cuarteles generales a Estados Unidos, de tal suerte que puedan tributar en ese país ahorrándose mucho dinero. En México, la tasa del ISR para las corporaciones es del 30%, cinco puntos porcentuales menos que la vigente en Estados Unidos. Tenemos una tasa competitiva con respecto a nuestro principal socio económico. Si ellos la reducen al 20%, pues no hay que ser un genio para prever que muchas empresas con dirección fiscal en México trasladarían de alguna forma flujos de efectivo al vecino del norte para ahorrarse un tercio del Impuesto Sobre la Renta.

Si México quiere seguir siendo competitivo, tendrá que bajar su tasa a un nivel similar al que quede en Estados Unidos. El problema es que esto generaría una presión sobre las finanzas públicas que apenas se están recuperando del mal manejo de este gobierno durante sus primeros cuatro años. Al reducir la tasa del ISR se caerían los ingresos tributarios. Esto podría compensarse con un aumento en la tasa del otro impuesto, el IVA, o su generalización (la misma tasa para todos los bienes y servicios). Esta medida sería positiva, pero no existen condiciones políticas para incrementar o generalizar el IVA, menos a

unos cuantos meses de la elección federal.

Tampoco es una opción incrementar la deuda pública para compensar la caída en los ingresos por una baja de la tasa del ISR de personas morales. Este gobierno se endeudó de manera desproporcionada durante sus primeros cuatro años, lo cual puso en peligro la calificación de la deuda soberana mexicana. Apenas estamos corrigiendo esta situación. En este sentido, ya no hay margen para endeudarse más.

Queda, entonces, recortar el gasto. Ya no se puede disminuir más la inversión pública que está en su nivel más bajo como proporción del PIB desde 1939. La única solución posible es adelgazar el gasto corriente del sector público. Ahí sí hay mucha grasa que quitar. Pero este gobierno ya va de salida. En lo único que están pensando es cómo ganar las elecciones del próximo año. El propio secretario de Hacienda está metido hasta las narices en esa competencia. Nadie, por tanto, está planeando qué hacer en caso de que el gobierno de Trump, junto con el Congreso, efectivamente, bajen la tasa del Impuesto

Sobre la Renta corporativo en Estados Unidos.

Además, este tema potencialmente podría afectar al tipo de cambio del peso frente al dólar. Si Estados Unidos se vuelve tributariamente más competitivo, muchas empresas que operan en México podrían echar a andar estrategias de ingeniería fiscal para enviar dinero a filiales estadunidenses, de tal suerte que sus utilidades tributen allá con una tasa menor a la de acá. El peso, luego entonces, se debilitaría más de lo que de por sí está.

Ahora bien, la eventual reforma tributaria de Estados Unidos podría tener un aspecto positivo para México. A Trump le urge una victoria antes que termine su primer año de gobierno. Como sabemos, el Presidente ha tenido importantes reveses en sus principales promesas de campaña. La reforma fiscal sería una magnífica noticia para presumirle a su base electoral y los sectores económicos que lo apoyaron para llegar a la Casa Blanca. Potencialmente, esto podría beneficiar la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Trump ya no tendría la tentación de salirse de este acuerdo. Pensémoslo de manera contraria. Imaginemos que su reforma fiscal se atora en el Congreso como ocurrió con el Obamacare. Desesperado por presentar resultados a su base electoral, Trump tendría más incentivos para retirar a su país del TLCAN.

En cualquier caso, se apruebe o no la reforma fiscal en Estados Unidos, esto tendrá consecuencias para México. Habría que estar preparados. Pero, en este momento, nuestra clase política está pensando cómo ganar las elecciones del año que viene y no cómo defender los intereses del país. Todo indica, entonces, que este espinoso tema le tocará resolverlo al próximo Presidente y Congreso mexicanos. Menuda bienvenida tendrán nuestros próximos gobernantes.

                Twitter: @leozuckermann

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