Sí a la participación social; no al clientelismo político

Para que sea exitoso el proceso de reconstrucción por los sismos se va requerir consenso político, gobiernos eficaces y participación ciudadana. Ya hablé de los dos primeros y sus problemas. Hoy termino con el tercer factor y su gran riesgo: que la organización de ...

Para que sea exitoso el proceso de reconstrucción por los sismos se va requerir consenso político, gobiernos eficaces y participación ciudadana. Ya hablé de los dos primeros y sus problemas. Hoy termino con el tercer factor y su gran riesgo: que la organización de la sociedad civil termine en grupos rentistas vinculados, a través de una red de clientelismo político, con los partidos.

Me gusta, y mucho, que la sociedad se organice para participar en la solución de los problemas públicos. El activismo ciudadano es una magnífica manera de suplir las carencias de gobiernos malos e ineficaces como los tenemos en México. Ojo, no estamos hablando de sustituir a las instituciones gubernamentales porque eso, en una sociedad compleja y civilizada, es imposible. La participación ciudadana debe ser complementaria a la acción gubernamental.

Una de las diferencias entre los terremotos de 1985 y 2017 es que entonces apareció la sociedad civil frente a un gobierno ausente y pasmado. La autoridad en las calles y los sitios de desastre era la gente organizada. Estos días, por lo menos, en los sitios que tuve oportunidad de recorrer aquí en la CDMX, observé la solidaridad de la sociedad, pero el mando lo tenían las autoridades. Los voluntarios obedecían las órdenes de militares, policías, bomberos y elementos de protección civil. Esto permitió, me parece, un mayor orden en el rescate de las víctimas, proceso que fue muy caótico en 85.

Aquel año, pasada la emergencia, se organizaron múltiples grupos vecinales para la reconstrucción. Esto no gustó nada al sistema autoritario priista que estaba basado en un corporativismo: los grupos sociales debían ser parte de la estructura del PRI. No obstante, en lo que fue un cambio político que contribuyó a la democratización del país, surgieron organizaciones sociales independientes como la Coordinadora Única de Damnificados (CUD), Coordinadora de Luchas Urbanas, Coordinadora Nacional del Movimiento Urbano Popular, la Unión de Vecinos y Damnificados y la Asamblea de Barrios.

Varias de estas organizaciones fueron fundamentales para que

Cuauhtémoc Cárdenas ganara la elección presidencial de 1988 en la capital. Surgieron, sobre todo de la CUD, nuevos liderazgos sociales como los de Cuauhtémoc Abarca, Alejandro

Varas, Armando Palomo, Marco Rascón, Javier Hidalgo, Leslie Serna, Dolores Padierna y René Bejarano. Algunas de estas organizaciones y liderazgos se integraron al PRD cuando este partido se fundó en 1989.

Pero resulta que el presidente Salinas nombró como regente de la ciudad a un político muy eficaz que había gestionado los apoyos para la reconstrucción desde el gobierno federal, Manuel Camacho, quien rápidamente se encargó, al viejo estilo priista, de cooptar organizaciones y liderazgos surgidos del temblor del 85. La participación ciudadana derivó, así, en grupos rentistas y clientelistas que tanto gustaban al PRI. No por nada ese partido arrasó en las elecciones de 1991 en la capital.

Con la salida de Camacho del PRI, pero, sobre todo, con la llegada de

Cárdenas a la jefatura de Gobierno en 1997, la mayoría de los grupos del 85 se pasaron al PRD. En este partido se instaló un eficaz sistema corporativo y clientelista que durante años ha medrado del presupuesto capitalino. Algunas de estas organizaciones, olfateando el ambiente rumbo al 2018, ya abandonaron al PRD para irse a Morena (ahí está el caso del que lideran Padierna y Bejarano).

Cuento esta historia porque lo mismo podría ocurrir con grupos sociales que se organicen a partir de los sismos de este año. El riesgo es que terminemos con organizaciones rentistas, que no contribuyen económicamente al país, y que establezcan relaciones clientelares con algún partido. “Yo te doy casas, tú me das votos”. “Yo me apropio de edificios, tú me proteges para que no me desaloje la policía”. Una relación simbiótica que mina los derechos de propiedad, las finanzas públicas y la formación de una auténtica ciudadanía.

No sé si vaya a suceder esto en la CDMX, pero el riesgo ahí está. Creo que es mayor en Oaxaca y Chiapas con una población económicamente más vulnerable y con una tradición más añeja de rentismo, clientelismo y corporativismo. No por nada, el presidente Peña ya anunció que en esos estados el gobierno entregará una tarjeta a las víctimas de los temblores con dinero para usarla en gastos personales, de reconstrucción y/o de contratación de albañilería. El gobierno está levantando la lista de damnificados. Después de distribuir el dinero, ya sabemos qué ocurrirá: se aparecerá un “promotor” del PRI para ver si se les ofrece algo más.

Twitter: @leozuckermann

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