Gobierno, izquierda y Corea del Norte
La expulsión del embajador de Corea del Norte en México ha desatado una polémica en dos asuntos: uno, las razones del gobierno mexicano para tomar esta decisión y, dos, la postura de algunos miembros de la izquierda mexicana sobre el régimen dictatorial de ...
La expulsión del embajador de Corea del Norte en México ha desatado una polémica en dos asuntos: uno, las razones del gobierno mexicano para tomar esta decisión y, dos, la postura de algunos miembros de la izquierda mexicana sobre el régimen dictatorial de Pyongyang. A continuación presento mi opinión sobre ambos temas.
Comienzo con la determinación de la Secretaría de Relaciones Exteriores de declarar como persona non grata a Kim Hyong-Gil. El embajador de Corea del Norte en nuestro país tendrá que salir de México. Esto como una “medida de rechazo” a las recientes pruebas nucleares realizadas por la nación asiática que abiertamente desafían las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas que le había prohibido desarrollar armas nucleares y misiles balísticos. “La actividad nuclear de Corea del Norte es un grave riesgo para la paz y la seguridad internacional”, señaló la Cancillería. “Representa una amenaza creciente para las naciones de la región, incluyendo a aliados fundamentales de México como son Japón y Corea del Sur”.
El régimen de Kim Jong-Un está jugando, literalmente, con fuego. Desde que tomó posesión como líder de Corea del Norte hace un sexenio, a la edad de 27 años, el nieto del fundador de ese país ha realizado 84 pruebas de misiles, más del doble de las que habían realizado su padre y abuelo en conjunto. Hace poco, un misil sobrevoló Japón alertando a su población. El juego de Jong-Un es muy claro. La pretensión de desarrollar armas nucleares está diseñada para mantener la viabilidad de una brutal dictadura militar liderada por Kim. Estados Unidos, que cuida los intereses de Japón y Corea del Sur en esa zona del mundo, no ha podido hacer absolutamente nada para detener el desarrollo del arsenal nuclear de Corea del Norte. Presidentes estadunidenses, incluyendo al actual, han amenazado al régimen de Pyongyang sin éxito alguno. Al parecer, el gobierno de Jong-Un está más fuerte que nunca.
Muchos piensan, y así lo han escrito, que México expulsó al embajador norcoreano para quedar bien con el chocante gobierno de Trump. Puede ser. No hay que descartarlo. Incluso es posible que la petición de expulsar a Kim Hyong-Gil haya venido directamente de Washington. La pregunta es por qué. Y creo que aquí podría haber más carnita.
Recordemos, primero, que Estados Unidos no tiene relaciones diplomáticas con Corea del Norte. Las relaciones con ese país se tratan, de manera informal, con la misión que tiene ese país en la ONU. Pero los diplomáticos norcoreanos acreditados en Nueva York están muy vigilados y no pueden moverse libremente salvo en un radio limitado de unos cuantos kilómetros alrededor de la glorieta de Colón en Manhattan. Resulta, entonces, que uno de los diplomáticos norcoreanos más cercanos territorialmente a Estados Unidos es el embajador acreditado en México. No es jalado de los pelos pensar que este funcionario, aprovechando la cercanía geográfica, estuviera involucrado en una serie de “travesuras” (vamos a llamarlas así) relacionadas con actividades ilegales para nuestro vecino del norte (espionaje, contrabando, etcétera).
En una de esas, la inteligencia estadunidense, quizá hasta la propia mexicana, se dio cuenta de ello y, para evitar que siguiera haciendo “travesuras”, decidió expulsarlo. No lo sé de cierto. Es pura especulación de mi parte. Pero suena razonable si tomamos en cuenta que no es cualquier cosa expulsar a un embajador. Debe haber causas más serias que no fueron informadas. En cualquier caso, yo le doy el beneficio de la duda a mi gobierno, es decir, al mexicano.
Lo cual me lleva al segundo asunto. Personajes de la izquierda mexicana han condenado la expulsión. El candidato de Morena, López Obrador, criticó la decisión: “México debe mantenerse al margen de cualquier enfrentamiento, no meternos en lo que no debemos, hay esta confrontación y es muy delicada la situación internacional (…) Se están escuchando los tambores, hay una actitud probélica y nosotros no debemos meternos en eso, nuestra política exterior ha sido sabia”. Otros miembros de la izquierda incluso han utilizado la expulsión del embajador para solidarizarse con el régimen de Kim Jong-Un. Están en su derecho, tanto de creer que fue un error la decisión del gobierno de Peña como de apoyar a una de las peores dictaduras militares del planeta. Pero que se hagan responsables de lo que dicen. No vayan a decir, luego, que no es cierto que su corazoncito late hacia esas latitudes.
Twitter: @leozuckermann
