El lopezobradorismo y Maduro

Lo que está esperando la gente con dudas es una respuesta puntual, contundente y firme de que López Obrador y todo Morena están en contra de las barbaridades que están ocurriendo en Venezuela: el desmantelamiento de las instituciones democráticas y la persecución de la oposición

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

A lo largo de tres ciclos electorales presidenciales, uno de los problemas de López Obrador y su equipo es lo mal que responden cuando son objeto de una campaña negativa. Naturalmente, como ocurre en toda competencia electoral, los atacan. Pero ellos no saben cómo contestar. Si no reconocen esta debilidad, y la subsanan a la brevedad, corren el riesgo de volver a perder la Presidencia en 2018.

En 2006, la campaña del PAN acusó a López Obrador de ser un “peligro para México”. Falsamente, afirmaron que la deuda del gobierno del Distrito Federal se había incrementado exponencialmente durante el periodo del tabasqueño como jefe de Gobierno. ¿Y qué hizo AMLO? En lugar de tomarse muy en serio el ataque y contraatacar, enviaron a Elena Poniatowska a convencernos de la bondad de López Obrador. Se quedaron muy cortos. El ataque contra el candidato izquierdista funcionó restándole unos puntos porcentuales fundamentales en el resultado final.

Ahora, tanto del frente panista como priista, acusan a López Obrador de querer implantar un sistema “populista y autoritario” como el de Nicolás Maduro en Venezuela. El objetivo es evidente: infundir miedo en las clases medias para que no voten por Morena. Está más claro que el agua.

AMLO ya contestó con un spot de radio y televisión, precisamente rechazando la comparación. Afirma que la “mafia en el poder” quiere “seguir robando” y por eso “andan asustando, diciendo que somos populistas y nos comparan con Maduro o con Trump. Mándalos por un tubo, no tengas miedo. El cambio va a ser ordenado y pacífico”. Cierra, luego, con un mensaje de esperanza.

Está bien. Pero no sólo AMLO es el que debe responder a los ataques que los comparan con Maduro. También deben desarrollar una estrategia para todos los candidatos y miembros prominentes de ese partido. Si es verdad que el tabasqueño no quiere ser como el caraqueño, pues tendrán que rechazar clara y contundentemente al régimen dictatorial bolivariano. No pueden existir ambigüedades. Cualquier “pero” puede generar dudas en el electorado, haciendo creíble el ataque de que, en el fondo, lo que quiere la izquierda morenista es imitar a la bolivariana.

Puesto que se trata de un ataque en una campaña política, el asunto se ha convertido en tema de interés público. Los periodistas seguirán preguntando a los morenistas qué piensan de lo que está pasando en la Venezuela de Maduro. Eso lo deben asumir los de Morena. Y creo que no alcanza con decir que la pregunta es injusta o que en México debemos respetar el derecho a la libre autodeterminación de los pueblos. Tampoco los ayuda equiparar los problemas de la democracia mexicana con los de la dictadura venezolana. Hacer eso es como comparar a las peras con las manzanas. No. Lo que está esperando la gente con dudas es una respuesta puntual, contundente y firme de que López Obrador y todo Morena están en contra de las barbaridades que están ocurriendo en Venezuela: el desmantelamiento de las instituciones democráticas y la persecución de la oposición.

El problema es que no todos los morenistas están de acuerdo con esta postura. Algunos abiertamente apoyan al régimen bolivariano. Así lo han expresado públicamente. Están, desde luego, en su derecho. Pero le hacen daño a su partido dándole credibilidad al ataque del PAN y PRI.

Ahí está el caso de lo ocurrido hace unos meses en el Estado de México. En vísperas de la elección, cuando los priistas andaban con la cantaleta de equiparar a Morena con Maduro, un grupo de morenistas se reúne con la embajadora de Venezuela en México, quien les agradece su apoyo. Acto seguido, oh sorpresa, aparece el video de dicha reunión. Los priistas se aseguran que se vuelva viral en las redes sociales. Los medios tradicionales acaban retomándolo y se vuelve noticia. Conclusión: algunos votantes mexiquenses cambian su voto por miedo.

Ni modo. Así son las campañas. A estas alturas, en su tercer intento, AMLO y compañía deberían saberlo. Los van a atacar por todos lados: en sus fortalezas y debilidades. De nada les sirve escandalizarse con eso de una injusta “guerra sucia”. Más que irritarse, deben prepararse. En el caso de la comparación con Maduro, yo no veo qué tienen que perder si condenan abiertamente los aspectos negativos de ese régimen dictatorial. A menos, por supuesto, que sí tengan algo que perder; eso explicaría por qué tanto enredo en sus respuestas.

               

Twitter: @leozuckermann

Temas: