¿Quién va a ganar mañana?
Para los blancos frustrados y asustados sería racional votar por Donald Trump, no así para el resto de la población. De hecho, para los latinos, lo racional sería votar en contra de él.

Leo Zuckermann
Juegos de poder
Durante décadas, la ciencia política estudiará qué pasó en la elección presidencial estadunidense de 2016 y cuáles fueron sus consecuencias. Una de las preguntas que se tratará de contestar es por qué la gente votó como votó y qué tanto los votantes fueron racionales en sus decisiones. El asunto es particularmente interesante para el caso de Donald Trump: un verdadero foie gras para cualquier politólogo.
El magnate anunció su intención de competir el 16 de junio de 2015. En esa ocasión dijo que los mexicanos le estaban ganando a los estadunidenses en los temas fronterizo y económico: “Se están riendo de nosotros, de nuestra estupidez […] no son nuestros amigos”. Afirmó que México enviaba a su vecino del norte gente con muchos problemas: “están trayendo drogas, están trayendo crimen, son violadores”. Y prometió construir un muro fronterizo que pagaríamos los mexicanos. Fue su primer ejercicio demagógico utilizando chivos expiatorios y proponiendo soluciones simplonas a complejos problemas.
Recuerdo este discurso porque fue en un martes y lo comenté en mi espacio del noticiero José Cárdenas Informa. Afirmé que se trataba del discurso de un payaso que quería sus quince minutos de fama. Los conseguiría y luego pasaría al olvido, porque Trump no tenía posibilidad alguna de ser el candidato republicano. Me equivoqué porque, como muchos, no había visto que tendríamos una elección muy singular donde los parámetros tradicionales del análisis político no servirían.
El resto de la historia lo conocemos. Trump ganó la candidatura republicana y tiene un 30% de probabilidad de convertirse, mañana, en el próximo Presidente de Estados Unidos. La ciencia política investigará mucho sobre el fenómeno Trump. Uno de los temas será el de la racionalidad del voto a favor del empresario.
En 1994, Samuel Popkin publicó The reasoning voter: Communication and persuasion in presidential campaigns. El politólogo de la Universidad de California argumentaba que, si bien los votantes tienen muy poca información a la hora de tomar su decisión, lo hacen de manera racional utilizando atajos cognitivos que les permiten saber quién es el candidato que más les conviene.
En una entrevista en The Wall Street Journal de mayo, Popkin trata de explicar el fenómeno Trump argumentando que sus votantes no son irracionales. El magnate, para empezar, es un empresario exitoso y, como tal, tiene credibilidad de que sabe de economía. Lleva muchos años participando en programas de televisión, lo cual le ha permitido consolidar su apellido como una “marca de prestigio”. Ganó credibilidad en la base republicana al cuestionar la nacionalidad estadunidense del presidente Obama y, al insultar a los mexicanos, conectó con los votantes blancos angustiados por los cambios demográficos. Todo esto suena muy racional aunque, según Popkin, también hay un ingrediente de pasión: “si, por ejemplo, uno está muy enamorado puede ignorar el hecho de que su amante no está todavía divorciada”. La pasión obnubila la razón. Por eso los partidos a veces escogen a candidatos extremistas que excitan a la base partidista, pero difícilmente ganan las elecciones.
En un artículo en The New Yorker de agosto, Evan Osnos muestra cómo Trump agrupó una coalición poderosa. Se trata de “una confederación de frustrados, no tanto un electorado compacto como una alianza dispersa de estadunidenses que se sienten traicionados por los políticos, victimizados por un mundo cambiante y cautivados por la insurgencia de Trump”. Mucha de la basura de odio que promueve el candidato republicano es exactamente lo que quieren escuchar los miedosos y frustrados. “Entre más complicado es el problema, las demandas se tornan más simples”, dice en este artículo Popkin, y agrega: “cuando la gente se siente frustrada e irritada, quiere cortar el nudo gordiano”.
Todo esto explicaría por qué Trump se convirtió en candidato de los republicanos, pero también por qué no va a ganar mañana la elección presidencial. Para los blancos frustrados y asustados sería racional votar por él, no así para el resto de la población. De hecho, para los latinos, lo racional sería votar en contra de él. Ya lo estamos viendo con un incremento nunca visto en el registro de estos votantes y en su tasa de participación. La pregunta es cuál de las dos racionalidades, a favor o en contra de Trump, que ciertamente tienen un toque pasional, ganará mañana. Yo sigo pensando que lo hará Hillary Clinton. Ojalá no me equivoque una segunda ocasión.
Twitter: @leozuckermann