La felicidad de vivir en Ciudad Utopía
Si nos enfermamos,tendremos el “derecho al más alto nivel de salud física y mental, incluyendo la atención sicoterapéutica y siquiátrica, así como al acceso a servicios de salud de calidad”.
Ayer se me acabó el espacio para seguir contando todos los derechos que tendremos los capitalinos en caso de aprobarse el Proyecto de Constitución de la Ciudad de México propuesto por Mancera y sus asesores. Lo siento, pero es que son muchos. Todos muy buenos, por cierto. Le aseguro que seremos muy felices.
Por ejemplo, toda persona tendrá “derecho al conocimiento, al aprendizaje continuo, a la educación, a la lectura y la escritura. Tendrá acceso igualitario a recibir formación adecuada a su edad, capacidades y necesidades específicas”. Por lo que veo, no habrá límites. De hecho, “la educación será prioridad en el gasto social y se asegurará su incremento progresivo”. Perfecto. Me encanta. En la ciudad todos estaremos bien educados. Será nuestro derecho. Seguramente habrá los recursos para financiarlo. ¿Cómo no? El que diga lo contrario es un cochino neoliberal que sólo responde a los dictados del FMI.
Pero en esta tierra de leche y miel toda persona tendrá “derecho al acceso, uso y desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación, así como a disfrutar de sus beneficios”. Supongo que, aparte del dinero gratis que nos repartirán por la “renta básica”, también nos regalarán un iPhone —mejor un Tesla— para disfrutar el beneficio de la tecnología. Y, desde luego, “las autoridades garantizarán el derecho de acceso a internet de forma progresiva en todo el territorio de la ciudad”. Nada de seguirle pagando dinero a las empresas que montaron su red. No, señor, que el gobierno capitalino provea gratis este servicio. Total, los recursos públicos son infinitos.
Súmese el “derecho a una alimentación adecuada, nutritiva, diaria, suficiente y de calidad con alimentos inocuos, saludables, accesibles, asequibles y culturalmente aceptables que le permitan gozar del más alto nivel de desarrollo humano y la protejan contra el hambre, la desnutrición y la malnutrición”. Los changarros callejeros de antojitos tendrán que desaparecer porque “los sectores público, social y privado procurarán que los alimentos frescos o preparados que se distribuyan o vendan a través de establecimientos, instituciones o programas, sean saludables y nutritivos”. Adiós a la obesidad.
Y si nos enfermamos, tendremos el “derecho al más alto nivel de salud física y mental, incluyendo la atención sicoterapéutica y siquiátrica, así como al acceso a servicios de salud de calidad”. Los mejores nosocomios y galenos del mundo se establecerán en la ciudad. Habrá sucursales de la Clínica Mayo y el Sloan Kettering. Y gratis porque también tendremos el “derecho al acceso a un sistema de salud público que tenga por objeto mejorar la calidad de la vida humana y su duración, la reducción de los riesgos a la salud, la morbilidad y la mortalidad”.
¿Y las viviendas? Pues tendremos el derecho a una morada “adecuada para sí y su familia, adaptada a sus necesidades”. Yo ya estoy haciendo una lista de mis necesidades y creo que voy a mudarme al Castillo de Chapultepec. Me lo tienen que dar porque “las autoridades tomarán medidas para que las viviendas reúnan condiciones de accesibilidad, asequibilidad, habitabilidad, adaptación cultural, tamaño suficiente, diseño y ubicación seguros”. ¿Cómo lo voy a pagar? Pues la Constitución ordena que “impulsarán planes accesibles de financiamiento, medidas para asegurar gastos soportables y mecanismos de seguridad jurídica en la tenencia de la vivienda, protección contra el desalojo forzoso y los aumentos desproporcionados de los alquileres”. Que se cuiden los malditos arrendadores porque el Estado decidirá si un aumento es o no proporcionado.
Se me termina otra vez la columna y no termino con la feria de derechos que tendremos los capitalinos en la Constitución. Los menciono rápido: a un empleo digno, a programas efectivos de protección contra el desempleo, a una ciudad accesible y segura, a la identidad y personalidad jurídica, a la movilidad, a la recreación, a la cultura, al descanso, a cuidados paliativos, a una muerte digna, a una pensión económica, a la memoria, a conocer y preservar su historia, a la verdad y a la justicia por hechos del pasado y a la convivencia pacífica y solidaria. Sí, señor: todo eso.
Y más le vale al gobierno cumplir porque tendremos el derecho “a la prestación de los servicios públicos de forma suficiente, adecuada, segura, accesible, asequible y de calidad, bajo los principios de universalidad, libertad, igualdad, equidad, eficacia, eficiencia y funcionalidad”. En caso de que nos fallen, podremos “impugnar cualquier acto u omisión de las autoridades que vulnere su derecho a la buena administración”.
Una maravilla. Tendremos que cambiarle el nombre de Ciudad de México a Ciudad Utopía.
Twitter: @leozuckermann
