El PAN, la oportunidad y el descarrilamiento

Ricardo Anaya ha surgido como alternativa para la candidatura presidencial por la dimensión del triunfo del domingo.

Hasta antes del domingo, la mayoría de los analistas —incluyéndome— pensaban que la elección presidencial de 2018 se polarizaría entre el PRI, la mayor fuerza partidista del país, y López Obrador, el candidato con mayor reconocimiento de nombre y popularidad en las encuestas. No contábamos con que, en los estados, el enojo ciudadano se canalizaría a favor del PAN, partido que tuvo un desempeño espectacular en las elecciones dominicales ganando siete de las 12 gubernaturas en juego. De esta forma, el PAN se encartó para regresar a Los Pinos en 2018.

El resultado favorable del PAN se explica por muchos factores: escogieron buenos candidatos, capitalizaron el enojo ciudadano de gobiernos ineficaces, autoritarios y/o corruptos, realizaron campañas con un mensaje claro en contra de la corrupción y, sobre todo, demostraron unidad partidista. Contrasta esto con lo que habíamos visto durante la última parte del sexenio de Calderón y los primeros años de Peña donde el PAN estaba muy dividido. Tan sólo recordemos que hasta el expresidente Calderón amagó con salirse del partido que trae metido hasta la médula. El cambio se dio, al parecer, con la salida de Gustavo Madero de la dirigencia nacional y la llegada de Ricardo Anaya. En estas últimas elecciones fue impresionante ver a todos los cuadros y liderazgos panistas jalando hacia el mismo lado, incluyendo a grupos rivales que, hasta hace unos meses, se andaban destrozando públicamente.

El PAN queda, sin duda, muy fortalecido después del domingo. Pero corre el peligro de descarrilarse rumbo a la elección de 2018. Dos factores serán decisivos: la gestión de sus gobiernos locales y la elección de su candidato presidencial.

Los panistas tienen la enorme responsabilidad de limpiar gobiernos estatales corruptos e inoperantes. Eso es lo que está esperando la ciudadanía de los estados que gobernarán y lo que estaremos observando los electores de todo el país. El riesgo del PAN es que le ocurra lo mismo que al gobernador Jaime Rodríguez de Nuevo León. Después de una victoria espectacular, las expectativas de El Bronco eran altísimas. Hoy, meses después de haber tomado posesión, existe decepción en los neoleoneses: sienten que el gobernador independiente no les ha cumplido. El Bronco, por ejemplo, prometió que metería a la cárcel a su antecesor, Rodrigo Medina. Apenas hace unos días, el fiscal anticorrupción anunció un posible procesamiento judicial que quien sabe si llevará a pisar la cárcel a Medina. Mientras tanto, Rodríguez ha tenido que enfrentarse a la difícil tarea de gobernar un estado sobreendeudado y encarar asuntos tan delicados como el amotinamiento en el penal de Topo Chico.

Pues lo mismo podría sucederle a los nuevos gobernadores panistas: que resulten una decepción por incumplidos. O frívolos como el nuevo gobernador panista de Querétaro, quien se comporta como virrey priista al ausentarse de su estado para ir a ver la final de la Champions y celebrar al Real Madrid. O, peor aún, que acaben siendo de calidad inferior a la de sus antecesores en el poder. Tan sólo recordemos al panista Guillermo Padrés quien, como gobernador de Sonora, se enriqueció groseramente.

Si los panistas quieren llegar bien al 2018, tienen que asegurarse que sus candidatos ganadores no sólo cumplan las promesas de campaña sino que gobiernen bien. Y ya no tienen el pretexto de que son novatos porque han gobernado en varios estados y dos sexenios a nivel nacional.

El otro factor que podría descarrilar al PAN es la elección de su candidato presidencial. Hasta el domingo, Margarita Zavala llevaba una gran ventaja en las encuestas. Parecía la opción más natural. Pero Ricardo Anaya ha surgido como alternativa por la dimensión del triunfo dominical y el desempeño que tuvo en un debate con López-Dóriga en el que apabulló a Manlio Fabio Beltrones, uno de los políticos más sazonados del país. Tampoco puede descartarse a Rafael Moreno Valle quien, como gobernador de Puebla, ha ido sembrando apoyos en su favor en diversos estados. Es una verdad de Perogrullo pero hay que repetirla: si el PAN se tarda y se divide en la decisión de quién será su abanderado en 2018, podría descarrilarse y perder el momentum electoral que trae a su favor.

Twitter: @leozuckermann

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