Deuda y corrupción en Pemex

Cuando entró el nuevo director (de Petróleos Mexicanos) hace unos días, la empresa no sabía cuánto les debía a sus proveedores quienes, furiosos, reclamaban pagos de muchas facturas vencidas.

El gobierno de Peña cambió al director general de Pemex hace unos días. Salió Emilio Lozoya; en su lugar quedó José Antonio González Anaya. Inmediatamente se anunció un recorte de cien mil millones de pesos en la petrolera nacional. Muy bien. Queda pendiente, ahora, la evaluación de la gestión de Lozoya. No puede quedar impune una administración marcada por un endeudamiento excesivo, crecientes pérdidas financieras y, al parecer, casos de corrupción.

De acuerdo con Bloomberg, el endeudamiento de Pemex pasó de 54 mil millones de dólares en 2010 a 86 mil millones de dólares al cierre de 2015 (el 75% en moneda extranjera). No obstante el creciente endeudamiento, la producción petrolera cayó, en ese mismo periodo, de un promedio de 2.6 millones de barriles diarios a 2.2. El año pasado fue un verdadero desastre para Pemex: perdió una cifra récord de 32 mil millones de dólares.

Mucho se explica, desde luego, por la caída en los precios internacionales del crudo, pero también por una mala administración. Un ejemplo. Cuando entró el nuevo director hace unos días, la empresa no sabía cuánto les debía a sus proveedores quienes, furiosos, reclamaban pagos de muchas facturas vencidas. Hoy sabemos que, al cierre de 2015, la deuda con los proveedores ascendía a 147 mil millones de pesos. Por un lado teníamos a un Pemex endeudándose como loco en los mercados internacionales y, por el otro, no les pagaba a sus proveedores. La semana pasada, la nueva administración a cargo de González contrató créditos con la banca de desarrollo para pagar 15 mil millones de pesos a pequeñas y medianas empresas que estaban en la cuerda floja por el incumplimiento de la petrolera.

En cuanto a presuntos casos de corrupción durante la gestión de Lozoya, como suele suceder en México, la mugre aparece cuando los funcionarios salen de sus puestos. Diputados de oposición le reclamaron la semana pasada al nuevo director de Pemex que por lo menos investigue tres casos sospechosos.

Primero está un contrato de dos mil 445 millones de pesos que hizo Lozoya con la Secretaría de la Defensa Nacional para utilizar aeronaves privadas. En una comparecencia frente a diputados, González aceptó que “el contrato existe con Sedena, es para aeronaves que tienen doble propósito: transporte de personal, pero también para el combate al robo de combustibles, por lo tanto ese convenio está reservado, no tengo más información y no podría dar más información, pero el convenio existe”. Increíble que, mientras la empresa no podía pagarles a sus proveedores, su personal viajaba suntuosamente en aviones privados. Aquí por lo menos existe un problema de abuso con cargo al erario.

Segundo, Pemex contrató parque vehicular que, según un legislador panista, es “muy similar al que celebró el Seguro Social este año, con una gran diferencia, el contrato del IMSS tiene un costo unitario de cerca de la mitad de lo que tiene el de Pemex”. El nuevo titular de la petrolera, que antes dirigía el IMSS, afirmó que “alrededor del contrato de arrendamiento es que estamos en proceso de detenerlo, así que no, eso no va a ocurrir, no era en las mejores condiciones para la empresa, se va a reponer el proceso dentro de los cauces de la ley”. Aquí sí parece que “algo huele a podrido en Dinamarca”, como diría el bardo.

Tercero, quizá el caso más grave, fue la adquisición de unas plantas productoras de fertilizantes que perdían toneladas de dinero. ¿Para qué las compró Pemex? ¿Quién se benefició con esta decisión de la administración presidida por Lozoya?

Uno de los problemas estructurales de Pemex es la relación política con el sindicato petrolero y el régimen de privilegios que tienen sus trabajadores. Tendemos, sin embargo, a hablar mucho de este tema descuidando otro de la misma importancia: cómo han pasado por esa empresa directivos verdaderamente depredadores.

La Reforma Energética transformó a Pemex en una empresa productiva del Estado para que tuviera una mejor gestión y pudiera competir contra las petroleras privadas. Sacaron al sindicato del Consejo Administrativo e incorporaron a cinco consejeros independientes con la idea de aprobar y evaluar las decisiones de la administración de la empresa. A ellos, junto con la nueva dirección, les corresponde investigar la gestión de Lozoya, quien dejó una empresa sobre- endeudada y bajo la sospecha de nuevos casos de corrupción.

Twitter: @leozuckermann

Temas: