¿Dos presidentes de México, Peña y El Chapo?
A través de la actriz mexicana Kate del Castillo, el autor se entrevistó con el narcotraficante antes que el gobierno mexicano lo capturara por tercera ocasión, el viernes pasado, después de su segunda fuga de un supuesto penal de alta seguridad.
Según Sean Penn, México tiene dos presidentes: uno, Enrique Peña Nieto, y otro el criminal Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, mejor conocido como El Chapo. La idea del actor estadunidense no es nada nueva. Muchos pensaban lo mismo cuando el gran jefe del narcotráfico mundial era Pablo Escobar. En aquellas épocas también se decía que Colombia tenía dos presidentes: el que despachaba en el Palacio de Nariño y el que tenía en vilo al Estado colombiano desde Medellín.
Penn ha escrito un largo artículo sobre Guzmán Loera en la revista Rolling Stone titulado Habla El Chapo. Una visita secreta al hombre más buscado en el mundo, publicado el sábado pasado. A través de la actriz mexicana Kate del Castillo, el autor se entrevistó con el narcotraficante antes que el gobierno mexicano lo capturara por tercera ocasión, el viernes pasado, después de su segunda fuga de un supuesto penal de alta seguridad.
Ni duda cabe que El Chapo, como Escobar en su momento, ha tenido una gran capacidad de desafiar la autoridad del Estado. Pero, de ahí a considerarlo como un segundo jefe de Estado, hay un gran trecho. En este sentido, Penn exagera. No. México no tiene dos presidentes. Sólo tenemos uno y es, desde luego, Peña Nieto. El otro, El Chapo, es traficante de productos prohibidos, un delincuente que ha tenido que corromper, secuestrar, torturar y matar para defender sus intereses. Guzmán Loera es un tumor social que a lo largo de décadas ha acumulado un enorme poder que le ha permitido desafiar y humillar, en varias ocasiones, al Estado mexicano.
Ahí está, por ejemplo, su fuga en julio pasado de la prisión de Almoloya a través de un sofisticado túnel diseñado por ingenieros que incluso, según Penn, viajaron a Alemania para capacitarse y resolver el problema hidráulico del subsuelo alrededor de la cárcel. Este evento, como bien lo describe el actor estadunidense, representó una humillación para el gobierno de Peña. Pero luego el actor exagera de nuevo: “El hecho de que el secretario de Gobernación de México, Miguel Ángel Osorio Chong, hubiera negado la extradición de El Chapo a Estados Unidos, y luego permitiera su escape, había colocado a Chong y la administración de Peña como parias globales”. Ni duda cabe que la fuga fue un durísimo golpe para el gobierno. Pero decir que el Presidente y el secretario de Gobernación se convirtieron en apestados mundiales es estirar la liga.
Me parece que Penn comete otro error en su artículo. De alguna forma se deja seducir por su entrevistado. Lo llega a considerar como una especie de “Robin Hood” mexicano. Otra vez, nada nuevo: a Pablo Escobar en su momento lo etiquetaron como el “Robin Hood” paisa, es decir, de la región colombiana de Antioquia. Según Penn, El Chapo ha proveído “servicios muy necesarios en las montañas de Sinaloa, financiando de todo, desde comida y carreteras hasta ayuda médica”. Desde luego que criminales como Escobar y Guzmán han repartido dinero a raudales en sus comunidades. Pero esto, lejos de ser una labor virtuosa y caritativa, es parte de una estrategia para gozar de una red de protección social en los pueblos donde operan. No lo hacen por beneficencia sino por un muy egoísta acto en defensa de sus intereses.
Penn, sin embargo, reconoce que, antes de ir a entrevistar a El Chapo, vio “un montón de videos y fotografías de decapitados, reventados, desmembrados o acribillados a balazos: inocentes, activistas, periodistas valientes y enemigos por igual del cártel. Estaba muy consciente del compromiso de la DEA y otros oficiales y soldados del orden, tanto mexicanos como estadunidenses, que habían perdido la vida aplicando las políticas de la guerra contra las drogas. De las familias diezmadas y las instituciones corrompidas”. Y ahí está, quizá, lo mejor del artículo de Penn: su postura sobre la responsabilidad de los insaciables consumidores estadunidenses en una estúpida guerra que no se puede ganar. O, como afirma El Chapo en la entrevista, “el día que yo no exista, no va mermar lo que es nada el tráfico de droga”. Por supuesto que no porque, cuando hay demanda por un producto, siempre habrá alguien que lo ofrezca. Por eso, la solución es seguir el camino de los países que han legalizado y regulado las drogas recreativas, tal y como propone Sean Penn en su artículo sobre El Chapo.
Twitter: @leozuckermann
