Devaluación e inflación en México

Tendemos a relacionar el debilitamiento de nuestra moneda con una mayor inflación.

El peso mexicano sigue depreciándose frente al dólar estadunidense. Ayer alcanzó un valor nunca visto: 16.72 pesos a la venta. Los mexicanos están muy preocupados. Nuestros traumas históricos de repente se aparecen. Sabemos que nada bueno sucede cuando el peso se devalúa. Ver en las sucursales bancarias, en grandes números, cómo el dólar cada vez vale más nos remite a las épocas de las crisis económicas ocurridas en los sexenios de Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Salinas y Zedillo.

Tendemos a relacionar el debilitamiento de nuestra moneda con una mayor inflación. En la última devaluación abrupta de diciembre de 1994, en el contexto de una economía abriéndose donde ya era posible adquirir varios productos de importación, recuerdo que la gente abarrotó las tiendas para comprar todo tipo de bienes que no necesitaban. Sabían que esa televisión, refrigerador o coche que estaban adquiriendo pronto costarían mucho más.

Pero en esta ocasión resulta que, a pesar de una depreciación acumulada de casi 30%,  hoy tenemos los índices inflacionarios más bajos de los últimos 40 años (los precios al consumidor alcanzaron una tasa de crecimiento anualizada de sólo 2.74% en julio pasado). El domingo, el gobernador del Banco de México escribió un editorial en Reforma para explicarlo.

Agustín Carstens menciona, de pasadita, el tema que considero toral en esta explicación. Me refiero a la institución que él encabeza: hoy el Banco de México es un ente autónomo con el mandato de mantener la inflación baja. A lo largo de estos años, el banco central se ha ganado la credibilidad en los mercados. Hoy sabemos que, en cuanto los precios comiencen a subir, Banxico apretará la política monetaria aumentando las tasas de interés. En este sentido, contamos con una organización modelo del Estado mexicano, con la autonomía y capacidad necesarias para cumplir una misión clara: mantener la inflación a raya. Esto, que se dice rapidito, ha sido un gran logro histórico y demuestra que nuestros problemas se resuelven de fondo con cambios en las instituciones.

De acuerdo con Carstens, otro factor que ha impedido que suba la inflación a pesar de la depreciación es que ciertos “precios internos de insumos que son transversales a la economía, como los precios de algunos combustibles, electricidad y telecomunicaciones (reflejo en parte de las reformas estructurales), junto con la caída de los precios de mercancías básicas, que también son insumos, como los de los metales y granos”. Se trata de otra buena noticia reflejo de otra buena decisión del Estado mexicano: la de abrir la economía y dejar que los precios internacionales determinen los domésticos.

Carstens, sin embargo, esconde en una breve frase la mala noticia de toda esta historia: “Todo lo anterior, en un contexto de una demanda agregada débil, ha contrarrestado algunos costos mayores en insumos importados causados por la depreciación de la moneda nacional”. Lo que está diciendo el gobernador de Banxico es que, como la economía está floja, como el consumo y las inversiones andan por los suelos, pues los empresarios han decidido, por lo pronto, no subir los precios. Con tal de vender algo, están asumiendo el costo de la depreciación del peso.

Esto es sostenible para bienes que no son importados o que no tienen componentes de importación. El que México sea hoy una economía abierta con una gran producción de manufacturas hace que los refrigeradores, televisiones y coches ya no se tengan que importar y, por tanto, se puedan vender en pesos sin subir los precios. El problema es para los productos importados o con partes importadas. Supongo que muchos de estos bienes no han subido de precio porque los vendedores compraron coberturas del tipo de cambio. Aunque el dólar esté en 16.72, ellos están vendiendo como si estuviera a 13.50 gracias a que se cubrieron financieramente. Pero estas coberturas sólo operan por un monto o un periodo de tiempo así que eventualmente tendrán que subir los precios.

Yo no tengo duda: la depreciación generará inflación en México. No mucha ni muy rápido porque el Banco de México se encargará de evitarlo. Se trata de una gran diferencia con nuestro pasado. Pero, lo más triste en esta historia es que hasta ahora hayamos podido capotear el vendaval inflacionario por una “demanda agregada débil”: que los precios no hayan subido por la flaqueza de la economía nacional.

            Twitter: @leozuckermann

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