Yo no quiero que el Estado me subsidie libros

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Leo Zuckermann 02/09/2014 01:59
Yo no quiero que el Estado me subsidie libros

¿Debe dejarse la cultura a la libre competencia?, me pregunta Mauricio Tenorio, profesor de la Universidad de Chicago. Pues depende. Si el mercado no provee productos culturales, pues el Estado debería intervenir. ¿En qué? ¿En libros, películas, orquestas sinfónicas, festivales culinarios, ballet, ópera, teatro, en fin, cualquier cosa que se considere cultural? La respuesta no es sencilla. Los recursos son escasos y deben establecerse prioridades. Mi punto en el artículo que escribí sobre el Fondo de Cultura Económica (FCE) es que el mercado no ofrecía soluciones de buenos libros académicos y culturales en 1934 cuando Cosío Villegas fundó el FCE. Pero las circunstancias han cambiado. Hoy el mercado ofrece múltiples opciones para publicar libros.

Contra lo que afirma Tenorio, existen varias editoriales de diversos tamaños. Tendría que ir a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara para constatarlo. Están los grandes conglomerados privados que se han ido consolidando. Están las editoriales medianas que, por la tecnología y globalización, están pasando un momento difícil, de ahí que las grandes las estén adquiriendo. Pero también están muchas editoriales de nicho que son un exitazo.

Esto sin contar con la maravilla del internet que, como en muchos sectores económicos, está eliminando al middle man, el intermediario, en este caso la editorial. Hoy un autor puede publicar él mismo su libro ofreciéndolo directamente a sus lectores en plataformas ya disponibles como la de Amazon.

Si Tenorio fuera a la FIL de Guadalajara, donde se puede ver a la industria editorial, se encontraría con una infinidad de instituciones del Estado que publican muchísimos libros subsidiados. Desde el FCE, pasando por Conaculta, las universidades públicas y los centros de investigación. ¿Deben los contribuyentes subsidiar esos libros? ¿Cuántos de verdad se venden? ¿Cuántos terminan embodegados? ¿Cuánta burocracia está involucrada en su publicación y venta? ¿Es ésta la mejor manera de gastar el dinero público?

Dice Tenorio que, bajo este mismo argumento, yo debería decir que hay que cerrar “la UNAM, el CIDE, el Colmex”. Pues no. Porque esas instituciones realizan algo que el mercado no ha logrado hacer aquí en México: investigar. Si estas tres instituciones desaparecieran, los mexicanos correríamos el riesgo de perder la poca investigación académica seria que se hace en nuestro país. En cuanto a la docencia, ahí el mercado ofrece múltiples opciones, desde las de excelencia, como el ITAM, hasta chafísimas que son un embuste educativo. Así que, por lo pronto, no pienso que haya que cerrar estas instituciones (y aclaro que yo ya no tengo vinculación alguna con el CIDE).

En cuanto a la desaparición del Sistema Nacional de Investigadores que sugiere Tenorio, no tengo una opinión formada: tendría que investigar más, aunque no dudo que haya abusos en esa nómina. En lo que estoy completamente de acuerdo con Mauricio es en eliminar “los creadores nacionales, los premios estatales a todo tipo de labor (incluyendo los de periodismo), el subsidio a las academias y al Colegio Nacional, el pago público a asesorías y pláticas de comunicólogos y sabiondos nacionales”. Creo, como Mauricio, que las flores intelectuales crecen mejor a la intemperie que protegidas en invernaderos.

Discrepo con Tenorio en la no lectura. Por desgracia, los más pobres son los que menos leen en México. En la Encuesta Nacional de Lectura de 2006 realizada por Conaculta se encontró que “los niveles de lectura de libros son menores entre la población de estratos socioeconómicos bajo (48.9%) y medio bajo (57.1%), en tanto que el nivel más alto de lectura se da entre la población de nivel socioeconómico medio (79.2%) y desciende ligeramente para la población de niveles socioeconómicos medio alto y alto (75.9%)”. La de 2012, halló lo mismo. Es un hecho, desafortunadísimo, pero así es la realidad. Y si los que más leen son las clases medias y ricas, pues el subsidio del Estado a los libros les beneficia más a ellos. ¿Está mal eso? En principio, no. Pero en un país con los niveles de pobreza de México, hay que privilegiar que los subsidios lleguen a quien más los necesitan, es decir, lo más pobres.

Mauricio afirma que hay que utilizar al FCE para lo que es, una editorial, y no para organizarle eventos al Presidente. Estoy de acuerdo. Pero el problema es que, en México, las instituciones del Estado a menudo se convierten en instituciones del gobierno. Es lo que ha pasado con el Fondo, como con muchas organizaciones que supuestamente apoyan a la cultura.

Cierro diciendo que pienso que la lectura es un valor que hay que fomentar. Lo hago cotidianamente en mi programa de televisión. Porque yo, al igual que tú, Mauricio, me moriré leyendo y celebrando “el milagro del encuentro de un libro, cualquiera, con su lector”. Pero no subsidiados con nuestros impuestos.

Hasta acá mi respuesta a Tenorio. Mañana, a Jesús Silva-Herzog Márquez.

                Twitter: @leozuckermann

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