¿Se justifica la existencia del Fondo de Cultura Económica?

COMPARTIR 
Leo Zuckermann 28/08/2014 01:39
¿Se justifica la existencia del Fondo de Cultura Económica?

He seguido con mucho interés el intercambio de puntos de vista entre Jesús Silva-Herzog Márquez y José Carreño Carlón sobre la entrevista que le hicieron seis periodistas al presidente Peña Nieto en un foro organizado por el Fondo de Cultura Económica (FCE) y moderado por el propio Carreño, director general del FCE. El tema en cuestión: ¿debe un empleado del gobierno, en este caso Carreño, organizarle a su jefe, el Presidente, una entrevista en los medios, lo cual no forma parte de la misión del FCE? Los argumentos pueden leerse en el periódico Reforma de esta semana. Supongo que el debate continuará. Confieso que hasta ahora me ha convencido más la postura de Silva-Herzog. Pero yo no quiero opinar sobre este debate sino poner en la mesa otra pregunta relacionada con el FCE: ¿Debe el Estado subsidiar la edición, producción, distribución y venta de libros que sólo lee una pequeña minoría que pertenece sobre todo a la clase media?

Me parece que una editorial del Estado sí se justificaba en 1934 cuando Daniel Cosío Villegas, fundador de El Colegio de México, entendió que el mercado de ese entonces no estaba proveyendo indispensables lecturas académicas en español, sobre todo las relacionadas con una ciencia social que estaba despegando: la economía. De ahí que, gracias a sus esfuerzos, se haya constituido el FCE como un fideicomiso con el apoyo financiero del Estado. Fue una decisión muy pertinente. Gracias a eso se publicaron obras de la mayor importancia en nuestro idioma. Un ejemplo fue la traducción de la imprescindible obra del sociólogo alemán Max Weber, que salió primero en español que en inglés.

A lo largo de los años, el FCE se fue expandiendo y comprando los derechos de muchas obras en español y otros idiomas. Aparecieron múltiples colecciones valiosísimas. Agregaría la publicación de una revista de la más alta calidad, El Trimestre Económico, que no ha dejado de publicarse desde 1934 con artículos de los economistas más reconocidos del mundo. Cabe destacar que, por el diseño institucional concebido por Cosío Villegas, el FCE siempre se caracterizó por una pluralidad en la publicación de las ideas.

Pero México y el mundo ya son muy diferentes al de hace 80 años. A lo largo de las décadas, el FCE fue creciendo cada vez más. Aumentó el número de colecciones. Por ejemplo, ahora existe una estupenda dedicada para niños. También cuenta con una red de 22 librerías. Dos de ellas son magníficas: la de Miguel Ángel de Quevedo, en el DF, y la Rosario Castellanos en lo que fue el Cine Época, en la Condesa. Aunque frecuento estas librerías y poseo muchos libros del FCE, me parece que tenemos que pensar seriamente si se sigue justificando que el Estado publique, distribuya y venda libros subsidiados por el contribuyente. En lo personal, esto me ha beneficiado. Pero no me queda claro que esta sea la mejor manera de gastar el dinero de la sociedad.

A diferencia de 1934, hoy el mercado ofrece múltiples opciones para publicar libros. Existen varias editoriales de todos los tamaños. El internet, además, ofrece una plataforma inigualable para conseguir todo tipo de contenidos culturales y académicos. Ya no estamos en los tiempos de que, si no era por el FCE, no se podía leer a Weber.

¿Por qué el Estado tiene que competir con las editoriales privadas en la puja de derechos de autor? Un ejemplo es el famosísimo libro de Thomas Piketty, Capital in the Twenty-First Century, que pronto será publicado en español por el FCE. ¿Cuánto pagó esta institución por los derechos? ¿Estará este libro subsidiado? Me queda claro que si el FCE no hubiera traducido este texto otra editorial lo habría hecho.

Ni qué decir de las librerías. Este ya es un país donde hay tiendas de libros en todas las ciudades. ¿Por qué el Estado debe tener sus propios establecimientos vendiendo libros a precios subsidiados?

Y no nos hagamos bolas. Aquí los contribuyentes no estamos subsidiando a los más pobres de México, sino a una élite académica, cultura e intelectual que, por desgracia, es la que lee en el país. ¿Necesitan ellos este subsidio?

De acuerdo con el presupuesto de 2014, este año el FCE ejercerá 461 millones de pesos. Venderá unos 212 millones de pesos y recibirá un apoyo fiscal de 238 millones. De ese tamaño es el subsidio que recibe el FCE de los contribuyentes. ¿Se justifica? No lo creo. Aunque sea una partida diminuta de lo que eroga el Estado cada año, sería más justo que se repartiera entre la gente que más lo necesita, es decir, los más pobres de México.

                Twitter: @leozuckermann

Comparte esta entrada

Comentarios