El gobierno de Peña como el dios Jano

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Leo Zuckermann 25/08/2014 00:28
El gobierno de Peña como el dios Jano

Mucha gente me pregunta, de pasada, qué pienso de lo que ha hecho el gobierno de Enrique Peña Nieto hasta ahora. No es fácil dar una respuesta rápida porque hay muchísimo que decir. Pero, si tuviera pocos minutos para expresarlo, utilizaría una analogía: diría que este sexenio me recuerda al dios Jano.

Se trata de la deidad que solían poner los romanos en sus puertas. Consistía en dos caras de perfil mirando hacia ambos lados, uno hacia adentro y otro hacia fuera de la casa, simbolizando el comienzo y el término. Es una buena figura para denotar la dualidad de algo. Precisamente así veo a este sexenio: con una cara dual. Una mirando hacia el futuro, a la modernidad, al mundo del siglo XXI. Otra observando hacia el pasado, a la tradición, al mundo del siglo XX.

¿Por qué veo así a este gobierno?

Porque están, por un lado, las reformas que se han aprobado durante estos meses. Las más importantes apuntan hacia el futuro, hacia un proyecto de modernización que urgentemente requería la economía mexicana. Estamos hablando de políticas públicas para tener una mayor competencia económica en general. A la apertura en el dinámico sector de las telecomunicaciones y radiodifusión. A incentivar a que los bancos le presten más dinero a los empresarios que no tenían acceso al crédito. Y, desde luego, a permitir que el capital privado pueda participar en un sector estratégico como es el energético.

De implementarse bien estas reformas, promovidas por la cara que ve hacia delante de Peña Nieto, México podría superar la trampa de los países de renta media. Se estarían construyendo las bases estructurales para dar el anhelado salto hacia un país desarrollado.

Pero, por el otro lado, está la cara de Peña Nieto viendo al pasado. Y es que el Presidente y su equipo vienen de una tradición política muy peculiar: la del priismo mexiquense de Atlacomulco. A este grupo no sólo le gusta replicar las formas del presidencialismo de antaño sino también, al parecer, ejercer el poder por medio de mecanismos más autoritarios que democráticos.

¿A qué me refiero?

Estos meses, por estar en los medios de comunicación, he escuchado muchas historias de cómo este gobierno ha operado de manera opresora para salirse con la suya. Uno siempre tiene que tomar con un granito de sal este tipo de relatos. Pero, cuando se van apilando cada vez más y más, uno empieza a creer que algo efectivamente está pasando: que nuestros gobernantes las están llevando a cabo.

¿Qué tipo de historias?

Está la de una organización de la sociedad civil que publicó información que incomodaba mucho al gobierno. Un miembro del gabinete presidencial amenazó, entonces, con comenzar un proceso penal contra los responsables de esta organización si no se retractaban o por lo menos dejaban de hablar de este asunto. O está la historia de una entrevista de un político opositor que fue censurada por un medio de comunicación (aclaro que no fue el que conduzco en FOROtv) para no “robarle” atención a la agenda mediática del gobierno de Peña.

Están, también, varias historias de negarse a proveer información gubernamental haciendo hasta lo indecible para que no salgan a la luz pública. O las auditorías fiscales a empresarios incómodos y críticos de ciertas políticas públicas. O las filtraciones de grabaciones muy bien producidas para golpear a “adversarios” de la clase gobernante. O las absurdas defensas, por todos los medios posibles, de funcionarios ineptos y, peor aún, corruptos. O los encarcelamientos de figuras políticas sin tener pruebas judiciales en su contra. O las licitaciones presuntamente amañadas a favor de empresarios amigos de los gobernantes. En fin, historias que nos recuerdan a los viejos gobiernos priistas como si el actual viera con nostalgia el pasado y estuviera dispuesto a llevar a cabo prácticas no propias de una democracia-liberal.

El escritor Albert Camus, a propósito del dios Jano, decía que se trataba de la dualidad entre el futuro y el pasado. Así observo este sexenio. Veo muchas cosas promisoras, de buen calado, que me llevan a ser optimista de hacia dónde va el país. Pero también escucho historias que parecen regresivas, de pequeñeces si se quiere, pero que se van acumulando y que acaban por amainar mi optimismo. Así son las dos caras del gobierno peñista, como las del dios Jano.

                Twitter: @leozuckermann

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