¿Va a combatirse la corrupción en este sexenio?

¿Podemos esperar que ahora sí se aprueben las tres iniciativas originalmente propuestas por Enrique Peña Nieto?

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Leo Zuckermann 20/08/2014 00:18
¿Va a combatirse la corrupción en este sexenio?

Desde el punto de vista electoral, la acusación que siempre le ha costado más al PRI es la de ser un “partido corrupto”. Esto lo sabe, y muy bien, Enrique Peña Nieto. Lo vivió en carne propia. Durante la campaña presidencial de 2012, el principal ataque en su contra fue el de representar a un partido con prácticas autoritarias y corruptas. Los ataques le llovieron tanto del frente panista como del izquierdista, así como del efímero, pero eficaz, movimiento #YoSoy132. Las críticas incluso continuaron después de ganar la elección. Recordemos que el candidato que quedó en segundo lugar argumentó que había perdido por un “fraude electoral”. Y a pesar de que no presentó pruebas contundentes, muchos mexicanos le creyeron a López Obrador. ¿Por qué? Pues precisamente por la mala fama del PRI.

En agosto de 2012, ya como candidato ganador, Peña trató de neutralizar las críticas anunciando tres reformas para combatir la corrupción y opacidad gubernamental. La primera la medio cumplió, ya que quedó rasurada por las presiones de los actores involucrados. Me refiero a la reforma para ampliar las facultades del IFAI para también transparentar a los gobiernos estatales y municipales, así como los poderes Legislativo y Judicial.

La segunda está durmiendo el sueño de los justos. Nada se ha hecho al respecto. Me refiero a la creación de “una instancia ciudadana y autónoma que supervise la contratación de publicidad entre los gobiernos y los medios de comunicación”.

La tercera, quizá la más importante, sigue atorada en el Congreso. Se trata de la fundación de “un órgano con autonomía constitucional que tenga facultades para investigar y sancionar actos de corrupción de los tres órdenes de gobierno y de los tres Poderes de la Unión”. Esto es lo que originalmente había propuesto Peña. Pero cuando envió su iniciativa al Senado, le limó mucho los dientes. En lugar de que la Comisión Anticorrupción tuviera facultades de investigación judicial, tendría que dar vista al Ministerio Público en caso de encontrar corrupción. Ya no actuaría como fiscalía. El resultado era algo idéntico a lo que hacía la Secretaría de la Función Pública (que, por cierto, formalmente desapareció con la llegada de Peña a Los Pinos, aunque sigue funcionando, muy disminuida, hasta que supuestamente se cree la comisión que la sustituirá).

En su momento critiqué a Peña y su equipo por estarle dando prioridad a estas tres iniciativas en lugar de las reformas económicas. Argumenté que había que seguir la receta de Ruchir Sharma, autor de Breakout Nations: In Pursuit of the Next Economic Miracles, sobre lo que se requería para tener un boom económico: “Un líder cuya prioridad sea la economía; que todo lo demás pase a un segundo plano”. Durante el segundo semestre de 2012, a punto de tomar posesión, me parecía que el próximo Presidente debería seguir esa receta.

Afortunadamente, ya en el gobierno, Peña lo hizo. Dejó a un lado su promesa de empujar las tres iniciativas para defenderse de los ataques de la oposición y se concentró en sacar adelante todas las reformas económicas. Hizo lo correcto. La pregunta es qué sigue: ¿Podemos esperar que ahora sí se aprueben las tres iniciativas originalmente propuestas por Peña?

No lo veo muy claro. En primer lugar, porque el gobierno ya logró que se aprobaran las reformas económicas pero ahora tiene el inmenso reto de implementarlas bien. Esto implica seguirle dando prioridad a las reformas energética, financiera y de telecomunicaciones.

En segundo lugar, en realidad el gobierno ya no tiene incentivos para empujar reformas relacionadas con la transparencia, gastos publicitarios y anti-corrupción, como sí los tenía en 2012. El statu quo los favorece. Pueden operar con más grados de libertad con una medio Secretaría de la Función Pública que con una Comisión Anticorrupción poderosa. ¿Para qué mover el barco si el viaje está muy cómodo para ellos?

Lo cual me lleva al último punto: tendría que ser la oposición panista e izquierdista la que empujara estas reformas, sobre todo la de anticorrupción. A ellos es a quienes más les conviene esta agenda. Pero tienen un problema. La oposición unida no tiene los votos en el Congreso para aprobarlas. Necesitaría del apoyo del PRI. Pero el gobierno priista ya no requiere de la oposición para sacar las reformas estructurales importantes. Entonces, ¿para qué apoyarlos?

¿Por buena onda? No lo creo. Así que, en conclusión, me parece que va a ser muy difícil que la agenda anticorrupción prospere en lo que resta de este gobierno.

                Twitter: @leozuckermann

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