¿Abusó Woody Allen de su hija o Mia Farrow envenenó su mente?

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Leo Zuckermann 11/02/2014 00:49
¿Abusó Woody Allen de su hija o Mia Farrow envenenó su mente?

Woody Allen es uno de los más grandes directores cinematográficos de la historia. Ha producido clásicos como Annie Hall, Todo lo que usted quería saber del sexo, Manhattan, Zelig, La rosa púrpura de El Cairo y más recientemente Medianoche en París. Pero no escribo este artículo para hablar de cine sino para compartir la terrible historia que ha salido a la luz pública: el alegato de una de sus hijas ,quien afirma que Allen abusó sexualmente de ella cuando tenía siete años y la respuesta del director señalando que, en realidad, su madre, la actriz Mia Farrow, le lavó el cerebro a su hija.

Allen, como muchos personajes en sus películas, es un tipo muy complejo en su vida personal, por decir lo menos. Ha tenido muchas relaciones amorosas incluyendo una con la actriz Mia Farrow. Ella tenía una hija adoptiva de nombre Soon-Yi. La relación de la pareja terminó cuando un día Farrow descubrió fotografías que había tomado Woody de Soon-Yi desnuda. Allen, de 56 años de edad, confesó que él y la joven de 20 años estaban enamorados. A la postre, el director se casó con Soon-Yi y adoptó dos hijos. Siguen juntos a la fecha. Como suele suceder cuando hay una separación de pareja de esta naturaleza, vino una terrible batalla legal entre Farrow y Allen para ver quién se quedaba con la custodia de sus tres hijos: dos niños, uno natural y otro adoptado, y una niña adoptada de nombre Dylan. Por aquel entonces, en 1993, se rumoró que Woody también había abusado sexualmente de su hija. No obstante, nunca se comprobó nada. Ahora, sin embargo, por primera vez ha hablado Dylan en una carta publicada en la columna de Nicholas Kristof en The New York Times. La misiva es devastadora: “Cuando yo tenía siete años, Woody Allen me tomó de la mano y me llevó a un oscuro ático parecido a un clóset en el segundo piso de nuestra casa. Me dijo que me tumbara boca abajo y jugara con el tren eléctrico de mi hermano. Luego me agredió sexualmente. Habló conmigo mientras lo hacía, susurrando que yo era una buena chica, que éste era nuestro secreto, prometiéndome que iríamos a París y yo sería una estrella de una de sus películas”.

Dylan Farrow asegura que Allen utilizó la relación sexual que tuvo con su hermana Soon-Yi para encubrir “el abuso que me infligió a mí”. Habla cómo esta experiencia la traumatizó de por vida. Afirma que “Allen es un testimonio vivo de la forma en que nuestra sociedad le falla a los sobrevivientes de asaltos y abusos sexuales”. Finaliza invitándonos a imaginar que nuestra película favorita de Woody fuera la de su hija de siete años de edad siendo llevada a un ático por el director, ella quedando traumatizada de por vida, mientras el mundo entero celebra a su torturador.

Naturalmente, Allen contestó con otra carta en The New York Times. Acusa a Farrow de haber envenenado la mente de su hija: “No es que dude de  que Dylan no haya llegado a creer que fue atacada, pero si a un niño vulnerable, a partir de los siete años, se le enseña por parte de su fuerte madre a odiar a su padre porque él es un monstruo que abusó de ella, ¿es acaso inconcebible que después de tantos años de adoctrinamiento no haya echado raíces la imagen que Mia quería establecer de mí?”. El director cuenta cómo, en aquel entonces, la policía de Connecticut pidió a los expertos de la Clínica de Abuso Sexual Infantil del Hospital Yale que revisaran a Dylan. ¿Cómo, después de una minuciosa investigación, concluyeron que no había sido abusada? ¿Cómo la historia del pequeño ático es imposible de creer porque él tiene claustrofobia? ¿Cómo Mia prometió que, si Woody le había quitado a su hija Soon-Yi, ella le quitaría a su hija Dylan? De refilón, además duda que el hijo natural que tuvo con Mia sea de él porque más bien se parece a Frank Sinatra, la expareja de ella, con quien, según Allen, le fue infiel.

Concluye Allen: “Yo no ataqué a Dylan. Yo la amaba y espero que algún día se dé cuenta cómo fue robada de tener un padre amoroso y explotada por una madre más interesada en su propia ira enconada que en el bienestar de su hija (…) nadie quiere desalentar que las víctimas de abuso hablen, pero hay que tener en cuenta que a veces hay personas que son acusadas falsamente y que esto también es una cosa terriblemente destructiva”.

¿A quién le creemos? ¿A la hija que dice que su padre abusó de ella o al padre que argumenta que la madre envenenó la mente de la hija? ¿Qué sucedió realmente? (Recomiendo la lectura de ambas cartas en The New York Times para tener la historia completa).

                Twitter: @leozuckermann

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