El libro electrónico ya está desplazando al impreso

La empresa de Jeff Bezos ofrece cientos de miles de títulos para ser leídos a través del Kindle a un costo menor que los libros impresos.

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Leo Zuckermann 05/12/2013 00:44
El libro electrónico ya está desplazando al impreso

Hace seis años, Amazon, pionero en la venta de libros por internet, lanzaba un producto llamado Kindle. Era un libro electrónico, una especie de iPod que almacenaba y reproducía textos. En aquel entonces costaba 399 dólares, pesaba 300 gramos y tenía la capacidad de guardar más de 200 libros. Hoy este primer Kindle ha sido superado con nuevas tabletas electrónicas que pesan menos, almacenan más libros y tienen más aplicaciones de entretenimiento y navegación.

Lo que me parece increíble es que todavía haya gente que dude que el futuro del libro sea electrónico. Me encuentro en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara y muchas de las personas con las que he hablado siguen dudando que el libro impreso desaparecerá, o en todo caso será un producto de nicho. ¿Cómo es posible que sigan negando que la nueva tecnología electrónica desplazará a los libros de papel?

Los dispositivos electrónicos han surgido como parte de la impresionante revolución digital que ha cambiado la manera como, por ejemplo, hoy almacenamos y reproducimos la música. Hasta en los ochenta del siglo pasado, lo hacíamos por medio de discos de vinil. Yo todavía conservo los míos como una especie de reliquias de mis años mozos. Me niego a venderlos o a tirarlos. Fue en 1989 cuando compré mi primera grabadora que reproducía discos compactos con música digitalizada. Durante la década pasada adquirí mi primer iPod, un disco duro que permitía almacenar grandes cantidades de canciones para reproducirlos. Con el software de este dispositivo copié las canciones de mis discos compactos a la computadora para luego mandarlas al iPod. Ahora compro las canciones por internet, las cuales se bajan electrónicamente a mi computadora, tabletas y teléfonos. De esta forma, ya no adquiero discos compactos. Mi colección comienza a ser otra reliquia más como la de los de vinil. En menos de 20 años la revolución digital ha transformado el almacenamiento y reproducción de la música. Lo mismo sucede con las imágenes (fotografías, videos, películas o programas televisivos).

Hace seis años me preguntaba si pasaría lo mismo con los libros. Si mi muy apreciada biblioteca se convertirá en otra reliquia más. Si mis nietos algún día me preguntarían que eran esas cosas en los estantes y yo les contestaría: “Son mis libros; así leíamos antes en las épocas cuando no había tabletas electrónicas”. Es hora de aceptar, de una vez por todas, que así será.

Cuando me enteré del Kindle, lo primero que pensé es que yo nunca abandonaría los libros por un dispositivo con una pantalla similar al iPod o al teléfono celular. Sin embargo, los creadores del Kindle entendieron que a la mayoría de los lectores de libros les gusta, como yo, la resolución del papel. Es por eso que un laboratorio del MIT desarrolló una tecnología que duplicaba la apariencia de la hoja de un libro en pantallas planas “tan delgadas como un papel y tan flexibles que es posible enrollarlas”. La lectura en estas pantallas no cansa ni lastima la vista. Además, cuando uno prende el Kindle se encuentra en la página donde terminó la lectura la última vez que lo apagó. Y la batería tiene una duración de hasta una semana completa.

El Kindle incluye la conexión inalámbrica sin costo alguno con Amazon para bajar los libros electrónicos sin tener que pasar por la computadora. La empresa de Jeff Bezos ofrece cientos de miles de títulos para ser leídos a través del Kindle a un costo menor que los libros impresos. Se tardaron, pero las editoriales de lengua española ya se integraron a la biblioteca de libros electrónicos de Amazon. Yo, por ejemplo, el día que salió el nuevo libro de Vargas Llosa lo compré y bajé a mi Kindle para leerlo de inmediato. Una maravilla.

Hace seis años, como me encantan los gadgets, compré un Kindle. Fue lo mismo como, por ahí de los mediados de los noventa, adquirí mi primera Palm Pilot que salió al mercado y que, a pesar de ser horrible, fue la precursora de las agendas electrónicas que hoy están incorporadas a los teléfonos celulares. La conservo en un cajón como otra reliquia más.

Aunque todavía algunos nostálgicos aquí en Guadalajara piensen lo contrario, la realidad es que el libro electrónico se está imponiendo en nuestra sociedad. Ya sería la hora de admitirlo y actuar en consecuencia.

                Twitter: @leozuckermann

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