Nuestros políticos suspiran por regresar al pasado

Una enfermedad aqueja a nuestros políticos: la nostalgia. El recuerdo de los tiempos pasados que, como erróneamente dice un refrán, “fueron mejores”. En lugar de estar pensando, imaginando, visualizando el futuro, los tres principales partidos están viendo hacia ...

Una enfermedad aqueja a nuestros políticos: la nostalgia. El recuerdo de los tiempos pasados que, como erróneamente dice un refrán, “fueron mejores”. En lugar de estar pensando, imaginando, visualizando el futuro, los tres principales partidos están viendo hacia atrás para encontrar soluciones a sus problemas.

El PRD, por ejemplo, necesita resolver el problema de la sucesión en su dirigencia nacional. Saben que, si vuelven a abrirla a una competencia abierta, corren el riesgo de dividirse más y que el beneficiario sea el nuevo partido de López Obrador (Morena). Luego entonces han resucitado al fundador del partido, a Cuauhtémoc Cárdenas, para proponerle que de nuevo sea el dirigente del PRD. Van a tener que modificar sus estatutos, pero todo indica que así lo harán.

Cárdenas es, sin duda, una personalidad muy respetable. La democratización del país no se entiende sin él. Recordemos que, debido a su contribución histórica, recibió la prestigiosa medalla Belisario Domínguez. Pero el año que entra cumplirá 80 años de vida. No tengo nada en contra de que gente de esta edad siga participando en la política. No obstante, el hecho de que los perredistas recurran a un casi octogenario que estaba en el semiretiro, sí denota un fracaso: no han podido desarrollar cuadros jóvenes con el liderazgo suficiente para dirigir al PRD desde la fundación del partido en 1989. Como piensan que Cárdenas es el único “factor de unidad” partidista, pues se acogen a él dejando una sensación melancólica por aquellos tiempos idos en que la izquierda se unió en un solo partido para enfrentar al todopoderoso PRI.

Y hablando de Cárdenas y del PRI, pues este partido también se vio nostálgico cuando desempolvó al padre de Cuauhtémoc para diseñar y promocionar su reforma energética. En lugar de hablar de los retos presentes y futuros en un sector económico muy complejo, el Presidente propuso regresar a la legislación de 1940.

Peña promete retornar a los tiempos del presidente Lázaro Cárdenas (alguien, con mucho ingenio, caracterizó esta estrategia como Forward to the Past en referencia a la película Back to the Future). Quizá con esto los priistas trataron de mandarle un guiño a la izquierda pactista para que apoyara la reforma energética. Pero no funcionó porque el PRD está en contra de cambiar la Constitución a fin de permitir la inversión privada. Quizá la referencia cardenista era para convencer a los propios priistas que siguen siendo nacionalistas-revolucionarios y, en este sentido, dudan de la participación de empresas privadas en el sector petrolero. El hecho es que Peña suspiró por aquellos tiempos pasados donde, por un lado, la gente adoró a su Presidente por expropiar los hidrocarburos pero, por el otro, permitió cierta participación del capital privado.

Finalmente está el PAN que, como todos sabemos, es un desastre. Los panistas no han logrado procesar la derrota electoral del año pasado que los mandó a un vergonzoso tercer lugar. Diversos grupos están peleándose el control del partido. En el camino han aparecido historias de ineptitud y corrupción.

La última fue la de diputados que exigen dinero a los alcaldes para procurarles dinero del Presupuesto. Un distinguido panista, Juan Ignacio Zavala, reconoce que “un problema fuerte del partido fue que durante su gestión en el poder se imitaron muchas, demasiadas de las prácticas priistas”. El problema es que éstas “le salen a los del PRI, el PAN terminó haciendo copias burdas de las transas. Tan es así que los priistas se protegen entre ellos y los panistas se acusan entre ellos”. Es un diagnóstico duro y honesto.

Aunque Zavala tiene la valentía de reconocer el problema, creo que termina cayendo en la nostálgica: “Es triste para los que tenemos en el PAN algunos años —me refiero a, por ejemplo, los que vivimos la etapa del partido como oposición— ver en lo que están terminando las acusaciones a y entre panistas. Con esto no quiero decir que sean mejores militantes los de antes que los de hoy, pero la vida era distinta en el partido”. Puede ser. Pero la realidad y las circunstancias han cambiado. De nada le sirve a los panistas suspirar por aquellos tiempos pasados donde supuestamente existió una mejor vida partidista; hoy tendrían que resolver sus problemas con una visión hacia el futuro. No sorprende, en este sentido, que el PAN haya decidido otorgar la medalla Belisario Domínguez a su fundador, Manuel Gómez Morin. Pura nostalgia: recuerdan con melancolía aquellas épocas en que don Manuel creó el partido y lo dejó en una especie de Jardín del Edén.

                Twitter: @leozuckermann

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