La posesión de Altaír

La desaparición de cuatro personas que habitan una casona, muy al estilo de Amityville, es el misterio a resolver. Los vecinos aseveran que escucharon un tren, otros afirman que se escuchaban gritos, sin embargo, nadie sabe el paradero de ellos. En la concurrencia también ...

La desaparición de cuatro personas que habitan una casona, muy al estilo de Amityville, es el misterio a resolver. Los vecinos aseveran que escucharon un tren, otros afirman que se escuchaban gritos, sin embargo, nadie sabe el paradero de ellos. En la concurrencia también se percibe la presencia de un hombre mayor, se le aborda para obtener un testimonio, pero su respuesta es escueta ¿Qué ocurrió? Ésta es la incógnita a descifrar.

Bajo el género de terror, con la ayuda del found footage, se traza una cinta con una estética de grano reventado y avejentada, al estilo 8 milímetros, para contarnos los eventos que precedieron en 1974 a este puñado de personas. Todos estos eventos fueron grabados y en medio de una sociedad voyerista, se nos invita a ser partícipes de lo que ocurrió. Sin duda alguna, su estética, así como su diseño de producción, hacen que la cinta sea propositiva e inquietante

El filme cuenta con claros homenajes a cintas como El horror de Amityville, Encuentros cercanos del tercer tipo, El proyecto de la Bruja de Blair, Actividad paranormal, pasando por La masacre de Texas, entre otros clásicos de la década de los 70 y 80; en mayor o menor grado, todas se hacen latentes para contar un filme de manufactura nacional que sale airoso.

Entre los detractores del filme podrían resaltarse algunas actuaciones que lucen poco orgánicas, sin embargo, el cineasta amalgama bien una historia ficticia con una narrativa de documental, desembocando el misterio, el suspenso y el terror, además de tener algunas escenas inquietantes; todo debidamente empaquetado consigue poseer la atención de los amantes del género, los ojos voltearán a esta propuesta y no necesariamente sangrarán.

—Adrián Ruiz

DIRIGE

Víctor Dryere.

Actúan

Diana Bovio.

Rolando Breme.

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