El viaje más largo

Por Adrián Ruiz villanuevaInevitable como la primavera llega esta nueva cinta, una vez más basada en una novela de Nicholas Sparks; haciendo uso de cartas como pasó en Diario de una pasión o en Querido John, el filme atestigua dos historias de amor, permeadas por el ...

Por Adrián Ruiz villanueva

Inevitable como la primavera llega esta nueva cinta, una vez más  basada en una novela de Nicholas Sparks; haciendo uso de cartas como pasó en Diario de una pasión o en Querido John, el filme atestigua dos historias de amor, permeadas por el sacrificio y el arte.

Por un lado localizamos a Sophia, una estudiante promesa de arte, a dos meses de partir a Nueva York a hacer prácticas profesionales, quien caerá en las redes del amor en un rodeo, lugar en el que halla a Luke, un vaquero montador de toros, con anhelos de ser el mejor del mundo, además de otros motivos que se irán revelando a lo largo de la trama.

Paralelo al romance, donde el joven Eastwood deleita a las mujeres, quitándose a diestra y siniestra la camisa y hasta la toalla, la cinta cuenta otra historia, la de un anciano, quien luego de un accidente, y de conocer a la joven pareja, se dará a la labor de conmemorar sus años mozos, en la década de los 50, al lado de la que consideró el amor único e inexorable de su vida.

Bajo un halo de cursilería y de escenas redundantes, en las que a veces no se llega a nada, la cinta fluctúa entre los flashbacks y algunas escenas de besos y caricias, en los que la cámara se encarga de explotar el físico de Scott, quien si hasta el momento no se ha comprobado que heredó el talento del padre sí heredó sus genes, en cuanto al físico y porte de Clint en sus años mozos. Este es uno de los ingredientes de los que se hace acompañar, el cual es agradecido por las mujeres pero innecesario y aburrido para los hombres.

En cuanto a la historia paralela, narrada por un Alan Alda sobrio en la piel de Ira, la cinta provee de algunas inconsistencias y absurdos en cuanto al trazo de situaciones, sobre todo el percance del personaje en la Segunda Guerra Mundial.

La resolución de ambas historias luce sobrecargada y alargada innecesariamente, haciendo uso de frases cursis llevadas al paroxismos como “Eso dura ocho segundos, a ella la puedes tener para toda la vida”, por citar algún ejemplo. 

En resumidas cuentas es más fortuita que Querido John o La última canción, para nada emblemática como Diario de una pasión, demasiado almibarada y un poco excesiva en su duración. El viaje será eterno para los caballeros, pero cándido para las mujeres.

Dirige:

  • George Tillman Jr.

Actúan:

  • Scott Eastwood
  • Britt Robertson
  • Alan Alda

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