Birdman

Por Alonso Díaz de la Vega La secuencia de títulos de Birdman o La inesperada virtud de la ignorancia 2014 no es meramente la presentación de los involucrados en el filme, sino un decreto de su director: “Yo soy JeanLuc Godard”. Al imitar los créditos de Pierrot el ...

Por Alonso Díaz de la Vega

La secuencia de títulos de Birdman (o La inesperada virtud de la ignorancia) (2014) no es meramente la presentación de los involucrados en el filme, sino un decreto de su director: “Yo soy Jean-Luc Godard”. Al imitar los créditos de Pierrot el loco (1965), Alejandro González Iñárritu no hace un homenaje; se equipara con el maestro. El resto de Birdman comprueba que González Iñárritu considera que su sensibilidad, como la del impenetrable cineasta franco-suizo, es incomprendida. La herida que le dejó la crítica cuando estrenó

Biutiful (2010) aún rezuma una sangre envenenada que sólo se limpia cuando Riggan Thomson (Michael Keaton) es reconocido por una despreciable crítica teatral.

Tras jurar destrozarlo sin siquiera haber visto su puesta en escena, Tabitha (Lindsay Duncan) cede ante un absurdo instante de honestidad. Lo que para los medios es un delicioso escándalo, para ella es una epifanía sobre el alma poética de Riggan.

Bajo el disfraz del humor, González Iñárritu se permite la ridiculización, no crítica, de periodistas y opinadores. Su tono aspira a lo tragicómico, aunque se gana el mote sólo porque al final triunfa el héroe.

Birdman padece de las mismas digresiones y el mismo ánimo catastrofista de Biutiful, pero lo que antes fue el amontonamiento melodramático de la desgracia, se convierte ahora en la humorística ansiedad por la relevancia.

González Iñárritu logra trascender su cinta anterior gracias a la admisión de responsabilidad de su protagonista, pero no se acerca a la grandeza introspectiva de Federico Fellini en 8 1/2 (1963), donde un cineasta descubre que no es el mundo el que lo acecha, sino su laberíntica consciencia. La inexplicable enemistad de Tabitha y del explosivo Mike Shiner (Edward Norton) hacia Riggan es un misterio, mientras que la de Sam (Emma Stone) al menos se explica como resultado de una pésima paternidad. Riggan es culpable de algunas cosas, pero de la mayoría no.

Los instantes visionarios donde Riggan sueña con la posibilidad de volar o de manipular el mundo con la mente expresan un deseo por encontrar, en el control, la libertad. Hay más de González Iñárritu que de Michael Keaton en el personaje.

La incuestionable hazaña visual de hacer que el filme entero parezca una sola toma resume las ambiciones del director y, claro, las habilidades de su fotógrafo, Emmanuel Lubezki, pero por otro lado sugiere también una obsesión, como la de Riggan, por la trascendencia.

Con su estilo, su elenco y sus dimensiones creativas, Birdman pregona con la energía de un saltabanco sus propias virtudes. Se vende ante nosotros como un tónico milagroso, pero resulta sólo ser exquisita, adictiva, azúcar.

Dirige:

  • Alejandro G. Iñárritu.

Actúan:

  • Michael Keaton.
  • Edward Norton.
  • Emma Stone.
  • Naomi Watts.

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