La teoría del todo
Por Alonso Díaz de la Vega La teoría del todo 2014 es dos fracasos. Uno pertenece a la película y su director; el otro a la crítica y la audiencia. El fracaso del director James Marsh recae en simplificar la vida de un hombre y su mente, una de las más importantes en ...
Por Alonso Díaz de la Vega
La teoría del todo (2014) es dos fracasos. Uno pertenece a la película y su director; el otro a la crítica y la audiencia. El fracaso del director James Marsh recae en simplificar la vida de un hombre y su mente, una de las más importantes en la historia, como la lucha contra la enfermedad y la impotencia. El otro fracaso nos pertenece a usted y a mí porque unos no reconocimos el plagio de Una mente brillante (2001), y otros, al intentar hacer de aquella película una insignificancia, no supimos retenerla en el imaginario colectivo como un ejemplo del cine más pobre: el de autoayuda. Las nominaciones al Oscar de La teoría del todo comprueban la futilidad de la crítica y la irresponsabilidad de la audiencia. La supervivencia de las tradiciones más altas depende de todos nosotros; en el caso del cine: las de Gance y Chaplin, Renoir y Lang, Hawkes y Von Sternberg, Rosselini y Bergman, Godard y Fellini, Ozu y Kurosawa, Kubrick y Tarkovski, Scorsese y Wenders. El éxito de La teoría del todo no es la ruina entera de nuestro pasado; es una contribución significativa.
Observemos los evidentes paralelos entre la cinta de Ron Howard sobre John Nash y la de Marsh sobre Stephen Hawking: los nombres de ambas apuntan a la razón como su centro, pero sus tramas son sólo una celebración de la resistencia humana. Ambas son la fantasía histérica de la mujer sanadora: unión de María la madre y María la puta. Ambos filmes contienen la misma idea del genio: lo que cuenta no es lo que descubra, sino que sobreviva a la adversidad. Ninguno se basa en explicar las ideas de ambos hombres. Si por Howard y Marsh lo fuera, y lo es en sus obras, serían las vidas de Nash y Hawking las merecedoras del reconocimiento, no sus descubrimientos. Bajo esa concepción, no deberíamos dar asistencia a los débiles, sino premios. Marsh ha cometido un pecado terrible: no sólo no nos ofreció algo nuevo; nos ofreció lo viejo como nuevo. La AMPAS cayó. No caigamos nosotros.
La teoría del todo es la teoría de la repetición encubierta; es el material con el que se construye una nueva sociedad que resulta igual a la anterior: el olvido. La crítica no puede permitir que se olvide ni lo inconsecuente ni lo extraordinario. La audiencia no puede olvidarlos. La cultura es una procesión de la memoria y de la enseñanza; una marcha desde el pasado hacia el futuro, no la asunción de que la historia comienza con nuestras vidas. Ver el cine anterior a nosotros y recordarlo es nuestra única garantía de preservar el legado de los genios, de los ángeles que Wim Wenders celebró al final de Las alas del deseo
(1987).
Dirige:
- James Marsh.
Actúan:
- Eddie Redmayne.
- Felicity Jones.
- David Thewlis.
@diazdelavega1
