Los niños del cura

Por Alonso Díaz de la Vega La crítica, escribió Octavio Paz, es la imaginación curada de fantasía y decidida a afrontar la realidad del mundo. Criticar no es atacar, sino contemplar de modo que se pueda comprender. A partir del entendimiento viene la discusión y, ...

Por Alonso Díaz de la Vega

La crítica, escribió Octavio Paz, es la imaginación curada de fantasía y decidida a afrontar la realidad del mundo. Criticar no es atacar, sino contemplar de modo que se pueda comprender. A partir del entendimiento viene la discusión y, posteriormente, la distancia o la afiliación. Criticar no es insultar o rebajar al contrario, aunque la sátira siempre es bienvenida. La hilarante farsa croata Los niños del cura (2013) ridiculiza a la Iglesia católica de forma que hace reír pero no reflexionar. El fondo de los problemas del catolicismo en nuestra era es un enigma que el director Vinko Bresan ni siquiera se plantea a sí mismo; su objetivo es golpear con base en una mentalidad no disidente, sino enemiga. La irracionalidad se propaga por todo el filme, de manera que aunque hay una minuciosidad destacable en los instantes de fantasía del padre Fabijan (Kresimir Mikic) y en las composiciones visuales que resaltan la idiotez de este hombre y sus asociados en la lucha contra la anticoncepción, los ataques a la estructura católica son generalizadores y superfluos.

Bresan cae en la burla o la queja porque no tiene el alcance intelectual de un Stanley Kubrick, un Charles Chaplin o un Jacques Tati para darle sustancia a su farsa. La ambigüedad del tono entre lo realista y lo ligeramente grotesco, junto con el veloz desarrollo dramático, no permite que reconozcamos el carácter simbólico de sus personajes, salvo cuando es demasiado obvio, como la aparición de un obispo a quien sólo le preocupa la pederastia porque podría dañar la imagen de la Iglesia. Bresan tiene las mismas ideas que el más enfurecido de los ateos y su filme padece por ello. Al dirigir y coescribir la cinta con una pasión anticatólica tan intensa, Bresan se acelera a conclusiones claramente exageradas sin desarrollar sus argumentos, de manera que las subtramas se comienzan a amontonar para repentinamente desvanecerse ante la priorización de uno de los protagonistas. Incluso hay conclusiones impredecibles en el peor de los sentidos, o caracteres, como el de una mujer obsesionada con José Carreras, que no comparten el sentimiento anticatólico y se manifiestan fuera de contexto, como ideas para otras películas que se decidieron emplear de una vez por todas.

Bresan culmina su cinta como un ejercicio en la generalización, la imposición y la intolerancia que expresa al sacerdocio entero como una senda a la corrupción. La cinta carece del absurdo como para suspender la credibilidad del espectador, como lo propuso el poeta Samuel Taylor Coleridge, y entregarnos una farsa como Dr. Insólito (1964), Tiempos modernos (1936) o Playtime (1967), cuyas payasadas derivan de la desilusión ante un mundo caótico y la necesidad de ponerlo en orden. Bresan no quiere reformar o reconstruir, sino muy posiblemente destrozar.

Dirige:

  • Vinko Bresan.

Actúan:

  • Kresimir Mikic.
  • Niksa Butijer.
  • Marija Skaricic.

@diazdelavega1

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