Cantinflas

Por Alonso Díaz De La VegaEntre el homenaje y la desfiguración del pasado está la nostalgia. Negación del presente, la nostalgia es menos que un retorno: una huida hacia una ilusión. La nostalgia no recuerda, inventa, y por ello es peligroso caer bajo su encanto que ...

Por Alonso Díaz De La Vega

Entre el homenaje y la desfiguración del pasado está la nostalgia. Negación del presente, la nostalgia es menos que un retorno: una huida hacia una ilusión. La nostalgia no recuerda, inventa, y por ello es peligroso caer bajo su encanto que redecora los recuerdos como a una casa de maderas húmedas en venta. Más riesgoso todavía es sentir ese añoro por algo que no se conoció. En Cantinflas (2014), Sebastián del Amo “recuerda” a un ícono y sus tiempos con un deseo, casi una necesidad, de que la realidad haya sido más placentera, más asombrosa, de lo que fue y de lo que es ahora. Del Amo es nostálgico.

La lucha paralela de Mario Moreno Cantinflas (Óscar Jaenada) y Michael Todd (Michael Imperioli) por la libertad creativa es, desafortunadamente para la recreadora imaginación de Del Amo, una mentira que él relata con desafío a la historia. La vuelta al mundo en 80 días (1956) no fue, como insiste Todd en la cinta, una obra importante, como no lo han sido muchas otras ganadoras del Oscar. Todd ni siquiera alcanzó a producir otro éxito. Murió en un choque de avión. Del Amo confunde un soñador con un visionario; una flama con un incendio. Cantinflas, por su parte, recibe una interpretación  con mayor apego a los hechos y a la miseria espiritual que acompaña a todos los hombres. A diferencia de Todd, Del Amo no adora a Cantinflas, pero tampoco lo entiende.

La perfecta actuación de Óscar Jaenada y los matices con que Del Amo y su coguionista Edui Tijerina enriquecen a Moreno manifiestan ante nosotros un hombre complejo, pero la nostalgia nos da un personaje, no un ícono. Entre los torpes intentos por aprender y aprehender el estilo de Miguel M. Delgado, director de la mayoría de las películas del comediante, Del Amo crea un anacronismo estético y no una reflexión sobre el pasado; tampoco lo logra su imitación de La vuelta al mundo en 80 días con sus decenas de cameos. Su retrato de México y Hollywood no pretende comprenderlos, sino explotarlos. Las breves apariciones de figuras desde Manuel Medel y María Félix hasta Marlon Brando y Charles Chaplin están atadas a su significancia para el protagonista o para el malinchismo que, al ver a los hollywoodenses rendidos ante Cantinflas, se emociona por nimiedades: Chaplin conocía a Cantinflas; Cantinflas se burló de Brando. En la nostalgia la realidad se diluye y aunque Del Amo pudo aprovechar su recreación del habla mexicana con sus dobles sentidos y sus jugueteos verbales para recuperar nuestra historia y ayudarnos a comprender el presente, la vocación decorativa elude la profundidad. Al final, para Del Amo el logro más grande de Cantinflas no fue sumar lo mexicano en un parloteo paralítico, insustancial, el cantinfleo, cuya ironía reside en su retrato involuntario del rostro más doloroso de la mexicanidad, sino ganarse un Golden Globe por el menor de sus papeles: el de un francés.

Dirige:

  • Sebastián del Amo.

Actúan:

  • Óscar Jaenada.
  • Michael Imperioli.
  • Luis Gerardo Méndez.
  • Ilse Salas.
  • Gabriela de la Garza.

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