Divorcio a la francesa

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La Crítica 24/08/2014 00:00
Divorcio a la francesa

Por: Alonso Díaz de la Vega

Derivada de las aventuras neuróticas de Todd Phillips, Divorcio a la francesa (2013) es una explosión de irracionalidad cuya potencia destructiva es muy inferior a su ingenio para comprender el reencuentro de una pareja separada. La gran cantidad de efectos especiales, persecuciones y vehículos convertidos en fuentes de ingreso para los chatarreros afirma a la película como una creación dominada por los productores Nicolas Duval-Adassovsky, Laurent Zeitoun y Yann Zenou, encargados también de la exitosa Amigos (2011). Divorcio a la francesa claramente desea ser un éxito y para ello se evita cualquier restricción que la pueda afirmar como una cinta siquiera lógica.

Lo grotesco es una forma de contemplar el mundo como una ensoñación insensata donde la transgresión de lo cotidiano se convierte en norma, pero en este filme lo increíble no va acompañado de la agudeza necesaria para que tenga alguna sustancia. La importancia de llamarse Ernesto, tanto en su encarnación dramática, escrita por Oscar Wilde, como en la cinematográfica, de Anthony Asquith, recurre a la exageración para enfatizar los aspectos más irritantes de la sociedad victoriana y burlarse de ellos. La realidad se convierte en una fotografía incompleta donde se crean lagunas en la imagen para remarcar ciertos rasgos, ciertos símbolos. En Divorcio a la francesa, durante la primera media hora, el énfasis está en un Porsche, cuya presencia es tan molesta como las iPads de Nuestro video prohibido (2014). La estética de comercial de televisión es tan obvia, que no es sino hasta que desaparece el auto que comenzamos a sentirnos frente a una película. Este lenguaje, con sus tomas dinámicas para construir la majestuosidad del automóvil, y sus variaciones de la música de los Rolling Stones y los Arctic Monkeys, resume la ideología y la intención de sus productores: vender.

Incluso el enfrentamiento de la expareja con un cristiano sicótico carece de la agresividad intelectual como para satirizar el rol del catolicismo en los fracasos matrimoniales de la Francia moderna. Nada parece tener mayor sentido que manipular a la audiencia con impresionantes escenas de acción porque los productores pusieron encima del ingenio la inversión. Si no se puede comprar, no sirve. Esto condena a Divorcio a la francesa a ser una cinta salvaje e insignificante, sobre todo porque su energía pueril ya había sido explotada por ¿Qué pasó ayer? (2009) y Todo un parto (2010), cuyas nociones de la masculinidad no son más penetrantes que la de esta película sobre el divorcio, pero sí más reveladoras debido a una cínica sinceridad.

 

Dirige:

  • Alexandre Coffre.    

Actúan:

  • Valerie Bonneton.
  • Dany Boon.
  • Denis Menochet.

@diazdelavega1

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