OCHO APELLIDOS VASCOS

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La Crítica 05/07/2014 00:07
OCHO APELLIDOS VASCOS

Para Sigmund Freud, el chiste es una experiencia catártica, y la burla, un ataque o un agresivo desnudamiento. Hacer bromas o reírse de algo o alguien es, de manera evidente, un intento por desenmascararlo frente al público o, peor, frente a sí mismo. El director Emilio Martínez Lázaro, en su divertida farsa Ocho apellidos vascos (2014), desviste los prejuicios españoles hacia la comunidad vasca y nos emite un mensaje encomiable, aunque simplón, de amor entre dos pueblos enfrentados por su historia. Desde los paranoicos sevillanos que etiquetan a la vasca Amaia (Clara Lago) como terrorista, hasta los brutos independentistas vascos que le creen al sevillano Rafa (Dani Rovira) el absurdo cuento de llamarse “Iñaki El Metralletas”, Martínez Lázaro dibuja un romance entre dos comunidades hostiles y sin mucho en común, pero atraídas por la herencia, la geografía y el amor. Su comentario sobre el conflicto no es crítico ni inteligente, pero en cambio se mofa con una astuta libertad, enemiga de la corrección política.

Acaso este toque extremo en la puerilidad de la película es lo que le da un atractivo enorme en medio de una época con un sentido del humor temeroso a la ofensa. La risa no puede retractarse de la degradación porque pierde su sentido; en todo caso, para cargarse de igualdad, debe, como Frank Zappa en sus mejores discos, burlarse de todos. Es innegable que la cinta se ensaña más con los vascos, pues ridiculiza su idioma, su lucha por la autonomía y su recio carácter, pero éstos, a su vez, se encargan de hacer sufrir a Rafa mientras intenta desamarrar el hilarante nudo que ha provocado su enamoramiento por Amaia. Conforme la situación se complica, Martínez Lázaro muestra una habilidad muy peculiar para aprovechar la tensión y el sentido del tiempo —el famoso timing— para lanzarle a la audiencia una andanada de chistes que aprovechan la sosa narrativa para sobresalir.

La falta de agudeza intelectual en los temas es un acierto de Martínez Lázaro, pues en su película fluye una energía cinética donde el vaivén del diálogo enaltece el arte de insultar perfeccionado por William Shakespeare. El director español, claro, no llega a la altura del Bardo, pero su elenco, en particular la pareja protagónica, comparte una interacción en pantalla que pocas farsas poseen y hace del incorrecto humor un deleite. Transgresora en el contenido, aunque no en la forma, Ocho apellidos vascos no es un nuevo paradigma de su género, pero es una cinta divertida, diseñada para cultivar un equilibrador desprecio por la diplomacia.

Dirige:

  •  Emilio Martínez Lázaro. 

Actúan:

  • Clara Lago.
  • Dani Rovira.
  • Carmen Machi.
  • Karra Elejalde.

@diazdelavega1

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