EL LOBO SEDUCTOR

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La Crítica 03/06/2014 01:17
EL LOBO SEDUCTOR

Por Alonso Díaz De La Vega

En las últimas décadas, el cine cómico francés ha mostrado que no es comedia y que después de Jacques Tati no hay nada. Más cercano a la farsa que a una exploración realista, el humor francés se apoca en un mundo poseído por las obras estadunidenses que, de Woody Allen a Matt Groening, han creado un espejo donde la imagen de uno mismo causa una miserable risotada. Para el estadunidense, reír es contemplar la propia ruina; para el francés, tropezarse. Su objeto es la torpeza del cuerpo, no la del cerebro atrofiado por el individuo mismo o el entorno social.

Esto hace más decepcionante a la película El lobo seductor (2013), del equipo de realizadores Nicolas Charlet y Bruno Lavaine. Su estilo de fábula, basado en la historia de los tres cochinitos y el lobo feroz, pretende hacer un retrato de la infidelidad masculina utilizando a Philippe (Benoît Poelvoorde), Louis (Kad Merad) y Henri (Fred Testot), para quienes el ataque cardiaco de su madre inicia un cuestionamiento sobre la felicidad y una reacción en cadena en la que el lobo del deseo va derribando el hogar de cada uno hasta que el más fuerte, Louis, muestra ser el ejemplo de probidad, de manera mañosa y ultimadamente falsa. La duda, sin embargo, se refleja sólo en la rebelión contra lo cotidiano, y la aventura no transforma a los personajes, sólo los afirma.

Los directores terminan proponiendo la separación, el retorno a la normalidad o ambos de manera brusca, sin mostrar las vicisitudes de ambas soluciones, sino sólo la dicha que hace a cada uno de los hermanos reevaluar su situación. Comparada con las agridulces experiencias en el cine estadunidense de Judd Apatow o la conmovedora Esposos, amantes y amigos (2012), El lobo seductor es una cinta diminuta que encuentra más gracia en la carrera de Philippe por demostrarle a su esposa que no estaba con otra mujer, sino dentro del hospital donde está internada su madre, que en su descomposición mental y los constantes fracasos en su búsqueda de la felicidad. Aunque sí halla el desorden en el carácter de cada personaje, la cinta no lo estudia; lo da por sentado y culmina en la arbitrariedad y un humor soso, derivado más del bobo Fernandel que del agudo Tati. La falta de ambición de Charlet y Lavaine excusa muchas de las fallas pero no levanta a la película, que resulta un entretenimiento extraviado entre la imprudencia de la farsa y la madurez de la comedia.

Dirige:

Nicholas Charlot. 

Actúan:

Benôit Poelvoorde, Kad Merad, Fred Testot, Valérie Donzelli, Charlotte Le Bon, Pierre Lamothe.

@diazdelavega1

 

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