El extraño del lago

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La Critica 15/04/2014 00:00
El extraño del lago

Por Alonso Díaz de la Vega

El Edén, como lo explicó Sigmund Freud, es una fantasía de una edad tierna, cuando la desnudez no está cargada de erotismo, sino de desvergüenza. La caída de Adán y Eva significa un rito de paso donde la infancia muere con el primer contacto sexual. Perder el paraíso es perder la niñez, la inocencia. Con su tono ambiguo, Alain Guiraudie parece concordar en El extraño del lago (L’inconnu du lac, 2013), pues ofrece una visión donde la promiscuidad atrae la muerte, y la inocencia es una mentira en un espacio rebosante de erotismo.

Cuando Franck (Pierre Deladonchamps) atestigua un asesinato en el lago donde se sitúa la cinta, su amor por el criminal lo convierte en cómplice. La ausencia de culpa por ver y hacer la muerte es un intento por retener el paraíso. Guiraudie ilustra esta noción dentro de su protagonista cuando, después del ahogamiento, Franck y el asesino, Michel (Christophe Paou), tienen sexo. La imagen de los dos hombres en plena comunión erótica, rodeados por la naturaleza y sus sensuales sonidos, corta hacia la visión de Franck: el cielo, enmarcado por el verdor resplandeciente de los árboles. Denunciar sería perder este sueño.

El amor fatal de Franck por Michel nunca está aprobado, sino contemplado con neutralidad; la postura moral vendrá del público. Guiraudie no condena mediante un soundtrack ominoso o una fotografía inestable el contenido de las imágenes sórdidas: tríos al aire libre, voyeristas que se masturban, el pasto interrumpido por condones usados, un hombre que ahoga a otro. Guiraudie no guía a la audiencia, pero le demuestra con la resolución que la carnalidad no es amor ni motivo suficiente para ignorar un crimen.

Acaso la cinta podría resumirse como un intento por conectar el orgasmo y la muerte, el paraíso y el olvido, a pesar de la negligencia de Franck, que con uno niega la otra. En el paraíso podrá abundar el placer, pero dice la muerte: “Et in arcadia ego”. Y hasta en Arcadia (un edén bucólico) estoy yo. El lago y su aparente abandono de la moralidad y la opresión del mundo son un engaño, y perderlo es trascender; retenerlo, peligrar.

Dirige:

Alain Guiraudie.  

Actúan:

Patrick D’Assumçao.

Pierre Deladonchamps.

Christophe Paou.

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