El Senado mexicano frente al TPP

El Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), lanzado por Estados Unidos como respuesta al creciente peso económico y político de China, nació en 2005 como un acuerdo  suscrito entre Brunéi, Chile, Nueva Zelanda y Singapur. Ahora reúne 12 países, incluyendo a México, abarcando 40% de la economía mundial. El eventual Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión diseñado para Europa completaría la estrategia geopolítica que el presidente Obama desea dejar en marcha. China, a su vez, promueve un gran acuerdo regional (RECEP) que, con la India y los países de ASEAN, integraría una potencia mayor en producción respaldado en un mercado de tres mil 400 millones de habitantes.

En México tenemos un largo historial de tratados comerciales. Nuestra participación en ALALC y ALADI y acuerdos con la Unión Europea y docenas de más países explica que hoy 60% de nuestro PIB se relaciona con el comercio exterior.

Sabemos que aumentar intercambios comerciales no asegura desarrollo. La experiencia mexicana viene a cuento. Si nuestras exportaciones subieron de 60 mil millones de dólares en 1994 a 380 mmdd de 2015, la creación de empleos en México ha sido en los últimos 14 años de un magro promedio de sólo 335 mil puestos frente a la necesidad de al menos un millón por año.

Nuestro ingreso per cápita aumentó de cinco mil 667 dólares en1994 a nueve mil 445 en 2015, pero el índice de desarrollo humano bajó de 0.77 en 1994-2000 a 0.64 en 1990-2014.     

El TLCAN, factor central para aumentar las exportaciones, no tuvo como objetivo la diversificación de mercados, tema esencial en un estrategia de desarrollo. Al contrario, acentuó la dependencia de México de un mercado predominante y favoreció la extranjerización de la planta productiva nacional.

Es evidente, sin embargo, que el TLCAN es el apoyo vital a nuestras exportaciones a Estados Unidos y que extinguirlo regalaría espacios a la competencia china, y de otros países como Vietnam y cuyos continuados avances el TPP reforzaría.

En las consultas que está realizando el Senado sobre el TPP para decidir la conveniencia de ratificar el texto firmado por nuestro gobierno han surgido ciertos aspectos importantes.   

El TPP ofrece a países miembros acceso preferencial a nuestro mercado y al del vecino norteamericano donde buscarán desplazar artículos mexicanos ya posicionados como, por ejemplo, los agropecuarios frescos o procesados, equipos y partes automotrices, de maquinaria y productos plásticos, calzado, textiles, ropa y sus accesorios, químicos y farmacéuticos, y la gama de artefactos de computación y electrónicos, productos en los que los países del sudeste asiático son exitosos competidores.

A cambio de nuestras concesiones se nos otorgan reducciones tarifarias en artículos en los que somos menos competitivos. Nuestro país no obtiene ventajas que correspondan a las que cedemos.

Otros aspectos del TPP que no son aceptables como el de otorgar a inversionistas privados extranjeros la facultad de demandar a un gobierno, e incluso  pedir compensación, si las leyes, reglamentos o decisiones oficiales afectan negativamente sus intereses.

Tampoco es admisible el apoyo que el TPP da a la producción y uso de semillas genéticamente modificadas, favoreciendo a corporaciones internacionales especializadas que controlan la investigación, la producción y los precios de venta, sometiendo la agricultura mexicana a sus intereses. 

Otro aspecto inaceptable del TPP es la prolongación de las vigencias de patentes de medicamentos, lo que dañaría a los millones de enfermos que requieren productos genéricos de bajo precio.

En su obsesión por recuperar empleos norteamericanos, Donald Trump restringiría la importación de productos mexicanos, afectando particularmente nuestra industria maquiladora que emplea el 30% de nuestros trabajadores y aporta el 65% de nuestras exportaciones.

Tales actos draconianos tendrían, como ironía, la virtud de diluir la exagerada simbiosis económica México-EU que el TLC acentuó presionándonos a buscar otros mercados. Hay que lanzar nuestras exportaciones a países europeos, asiáticos, latinoamericanos y a Canadá, con el que compartimos el continente de Norteamérica.

El Senado tiene que aquilatar las diversas opciones en escenarios imprevisibles y proponer el lugar que México debe ocupar en la intricada madeja internacional actual. Esperamos que, al decidir ratificar o no un TPP, ya negociado, actúe con independencia y sin compromisos con el Poder Ejecutivo, ponderando con objetividad, sentido histórico y aguda y patriótica visión al futuro.

Temas: